Tras el análisis detallado de los aspectos fundamentales de su libro 2018: La Salida, podemos extraer algunas conclusiones temporales acerca de la evolución del pensamiento económico y hacer las críticas conducentes.

Desde el punto de vista económico no sabemos si también político López Obrador propone un programa económico mejor elaborado que el que planteó en su libro Un proyecto alternativo de nación, donde pretendía centrar el eje de su desarrollo en el petróleo, que genera elefantes blancos que poco ayudan a la sociedad mexicana (los estados más pobres son los que más petróleo poseen). Sin embargo, sigue todavía fascinado por lo que se puede hacer con ese insumo natural, quizá por tratarse de un tabasqueño, que ha vivido en su realidad más íntima la problemática del petróleo. Es acertada su propuesta de convocar un referéndum para que la población resuelva sobre la continuación de la reforma petrolera.

El diagnóstico que hace de la agroindustria y del desarrollo de esta industria es quizá el aspecto más relevante de su propuesta, fruto de 15 años de pasearse por todo el país, y no sólo apostar por la agricultura de exportación, sino por la agricultura campesina. ¿Qué hubiera sucedido si Peña hubiera comenzado por la reforma al campo antes de proponerse ambiciosos proyectos petroleros? Curiosamente, el modelo económico de los sonorenses (Obregón y Calles) era hacer de México una potencia agrícola. Este es, sin duda, un aspecto muy positivo de su nuevo modelo económico.

El segundo aspecto es la promoción de infraestructura (carreteras, trenes rápidos) y del fomento de la industria de la construcción. Aquí el problema es cómo se van a financiar tales obras. Si bien en general hace un análisis del presupuesto de egresos para ver de dónde puede obtener recursos para sus políticas, en su modelo neokeynesiano de política fiscal contracíclica no nos señala de modo claro cómo se va a financiar un modelo tan ambicioso.

Su siguiente propuesta y quizá la mejor y más realista es la Zaid-Schumacheriana inspirada en el libro de este último, Lo pequeño es hermoso, y El progreso improductivo del primero. Los elefantes blancos y las amplias burocracias no suelen lograr empleos sustentables para la mayoría de la población mexicana; es mejor promover la venta de productos y servicios por parte de las pymes intensivas en mano de obra y no en capital, que sólo destruyen el empleo, pero no generan trabajos para empresas sin capital pero intensivas en mano de obra. AMLO propone aumentar el presupuesto de la Secretaría de Economía y transformar ésta en una gran asistente de proyectos viables para las microempresas mexicanas. Quizá se queda corto en la necesidad de capital para ese sector al ampliarlo exclusivamente en 10,000 millones de pesos adicionales a aquellos con los que ya cuenta el Instituto Nacional del Emprendedor.

Es un proyecto nacionalista y que apuesta por el mercado interno. Esto no es criticable, máxime viendo las políticas antimexicanas del presidente Trump. Pero falta una propuesta sobre la inserción de México en la globalización, y dadas las especiales circunstancias, un examen de cómo puede nuestra economía voltear a otros países diferentes a los Estados Unidos, pero a los que las empresas mexicanas puedan exportar y sobre las que se establezcan políticas industriales adecuadas para el fomento de las exportaciones sin limitarse a la firma de nuevos acuerdos comerciales que no han servido de mucho.

México tiene un dinamismo exportador y de comercio exterior, que no se puede despreciar, que abarca cerca de 60% del PIB. Es cierto que tales empresas se deben convertir en empresas vagón que jalen a otras empresas, de manera que se incremente el grado de proveeduría nacional. Sobre este aspecto AMLO no señala nada, olvidando que vivimos una economía integrada, aunque parece que estemos volviendo hacia países isla inconexos unos de otros, lo que no sabemos si dado el grado de apertura comercial es posible. Aquí AMLO deja qué desear.

*Máster y doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.