En los años 60, el ahora legendario Bruce Lee viajó a Estados Unidos buscando entrar al negocio del cine. El inicio fue difícil y pronto Lee regresó a Hong Kong sin saber que su Cato había vuelto al, por otro lado, insulso Avispón Verde en un éxito televisivo.

Después de crear algunas de las películas más memorables de artes marciales que se han filmado (¿Alguien recuerda Enter the dragon?), Lee regresa a Hollywood en 1971 para proponerle a Warner The Warrior, una serie de TV en la que un exmonje de Shaolín (actuado por él mismo) vagaría por el viejo oeste en sus aventuras. Warner rechazó la propuesta.

Poco después, Warner estrenó Kung-fu, con David Carradine como un maestro de artes marciales (mitad estadounidense, mitad chino), que recorría el oeste en sus aventuras. El que Warner le pirateara la serie (algo que el estudio siempre negó sin convencer a nadie) y que ni él, superestrella de las artes marciales, fuera capaz de superar el racismo y la estrategia de whitewashing (blanqueo) de Hollywood, fue la gota que derramó el vaso, y Lee se regresó a China.

Durante décadas, los estudios estadounidenses se negaron a darle un papel principal a un actor de origen asiático. De ahí, el llamado blanqueo: la idea de sustituir personajes orientales con actores blancos, que todavía se da en la actualidad: en que The ancient one de Doctor Strange lo hace la británica Tilda Swinton (bien, pero ese no es el tema).

Fue hasta hace poco que Justin Lin se enteró de lo que había sucedido con The Warrior. Lin, director y productor de algunas de las películas de la serie Rápido y furioso, además de Star Trek Beyond y algunos episodios sueltos de TV, se acercó a los herederos de Lee. Shannon, hija de Lee, tenía acceso a notas sobre la propuesta. Ambos la actualizaron y se acercaron a Cinemax con una nueva idea de serie. A cargo quedaría Jonathan Tropper, que venía de crear, supervisar y escribir buena parte de Banshee.

Este nuevo Warrior contaría la historia de Ah Sahm, un guerrero chino (hijo de un soldado británico) que llega a San Francisco en 1870 en busca de su hermana.

Es una época difícil para los migrantes chinos que aportan la mano de obra barata en una ciudad en crecimiento después de la fiebre del oro. Los chinos son despreciados y aislados por una clase gobernante que sólo los acepta para bajar la nómina.

Ah Sahm pronto se ve reclutado a fuerzas por una de la más poderosas pandillas de Chinatown. Su llegada coincide con la iniciativa de algunos políticos en Washington para deportar a todos los chinos, y la explosión de una guerra entre pandillas locales (en la que también juega la policía y la propia mafia sindical irlandesa). Todo parecido con la época actual (cambiando el país de origen de los migrantes) parece ser mera coincidencia.

En algún momento, el líder de uno de los tongs le dice a sus esbirros: “Éstos son tiempos extrañamente jodidos. Los patos piensan que somos menos que humanos. No podemos poseer cosas, no podemos votar y, sin embargo, de alguna manera, somos los culpables de los problemas económicos de su país”.

No confundir las pandillas chinas (tongs) con sus contrapartes latinas. Los tongs eran auténticas sociedades secretas, sólo comparables a las familias mafiosas de la costa este. Controlaban todo tipo de negocios ilegales (apuestas, prostitución, extorsión) y el tráfico de opio.

El papel de Ah Sahm corre a cargo de Andrew Koji, actor británico de origen japonés, que tuvo que someterse a rigurosas sesiones de entrenamiento de artes marciales antes de lanzar una sola patada. A su lado está el Joven Jun (Jason Tobin), actor que ha acompañado a Justin Lin a lo largo de su filmografía.

Tropper construye (como hizo en Banshee) un mapa urbano de intereses opuestos, violencia callejera, oficiales gubernamentales corruptos, erotismo y secuencias largas y eficaces de peleas: el sello de Cinemax.

Enfrentado a Ah Sahm está el mejor guerrero del clan rival, Li Yung (a cargo del indonesio Joe Taslim, de la memorable The Raid). Olivia Cheng encarna a la madame Ah Toy, quien lleva el burdel en forma independiente a los tongs y también es una suerte de inversionista y “vigilante” nocturna de la ciudad.

Entra a colación la mafia irlandesa, controlada por Bill O’Hara (Kieran Bew), el puñado de policías racistas y corruptos que deben patrullar, por primera vez, las calles de Chinatown (hasta entonces tierra de nadie); y el romance prohibido con la esposa del alcalde (Joanna Vanderham).

Warrior se vale del estilo de La caza al octubre rojo, explica el crítico de Rolling Stone: “Cuando están entre ellos, los chinos hablan inglés sin acento (se supone que están hablando chino). Cuando están entre blancos (patos), hablan en chino con subtítulos. Una estrategia que pretende volver la serie más accesible al espectador occidental (en cierta manera lo es)”.

Hay que decirlo: Warrior es estupenda. Está basada en datos históricos, pero no es pretenciosa, lo suyo es la acción y una trama criminal más cercana a Tarantino que a Masterpiece Theater. Las secuencias de pelea son espectaculares y emocionantes, y Tropper va desarrollando las distintas subtramas de manera eficaz para mantener nuestro interés en la suerte de los personajes.

La primera temporada de Warrior está disponible a través de HBO. La serie se renovó para una segunda temporada aún en producción.

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).