Los europeos acuden a las urnas a elegir más Europa o más Brexit.

Será un referéndum sobre el populismo antieuropeo. Desde la izquierda no nacionalista: rechazando el racismo, la xenofobia y el antisemitismo (salvo una presencia en sus márgenes). Y desde la extrema derecha nacionalista: mostrando rasgos racistas, xenófobos y antisemita.

La opción a favor de sociedades más abiertas o más cerradas será un referente mental entre los europeos que acudan a las urnas. 

Habrá quienes apuesten por votar a favor de vivir en naciones homogéneas en términos culturales. Habrá quienes voten en contra.

Desde las elecciones europarlamentarias de 1979 nunca había existido una elevada probabilidad de una ruptura en el bipartidismo (izquierda/derecha; los conservadores en el Partido Popular Europeo y los socialdemócratas en la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas) como podría estar ocurriendo en estos comicios.

Nigel Farage, Marie Le Pen y Carles Puigdemont, entre otros, forman parte de una nebulosa temática.

Uno de los arquitectos del Brexit fue Farage. Amigo de Trump, desapreció del mapa político al abandonar su tanque destructor, el UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido), una vez que logró su objetivo en el referéndum del Brexit. Ahora, regresa encabezando la lista del Partido del Brexit. Nunca pensó que su país participaría en estas elecciones, pero la crisis en la que él mismo colaboró a su formación, produjo lo contrario.

Las encuestas en el Reino Unido dan como ganador al partido de Farage. 

Para Le Pen y Puigdemont, la lectura de las elecciones principalmente es interna. La francesa quiere desbancar al partido de Macron, y el catalán desea meter al Parlamento Europeo la agenda del independentismo. Le Pen asegura que lo que ocurra el domingo en las urnas será un referéndum para Macron y, por lo tanto, si pierde el partido del presidente tendría que renunciar. Puigdemont asegura que los políticos presos en España son presos políticos.

Las elecciones de las “primeras veces”

Desde 1979 nunca antes los europeos habían acudido a las urnas con un país intentando salir de la Unión Europea. El efecto puede representar a una especie de espantapájaros. Lo vimos este jueves en Holanda, uno de los dos países que ya votaron las europarlamentarias. “El partido laborista holandés (PvdA, izquierda proeuropea) logró una victoria inesperada con 18.1% de los votos, por delante de los populistas de Thierry Boudet y los liberales (VVD) del primer ministro Mark Rutte”, informa la agencia AFP. Habrá que tomar los resultados con cautela pero, de confirmarse, el efecto espantapájaros podría ahuyentar el voto antieuropeo.

Nunca antes había coincidido un año electoral con el relevo del presidente del Banco Central Europeo, y como apunta Enrico Letta (presidente del Instituto Jacques Delors y ex primer ministro de Italia), probablemente “la Comisión Europea también se modele en función de un esquema político que ya no podrá atribuirse al hijo tradicional del bipartidismo histórico europeo” (“El tercer acto de la historia europea”, Vanguardia Dossier, número 72). Es decir, podremos ver en la Comisión Europea a personajes que deseen dinamitar a la Unión Europea. 

Si la inminente presencia de Farage en el Parlamento de Estrasburgo resulta ser una especie de mala broma surrealista, sería impensable que políticos afines a Matteo Salvini se encargaran del tema migratorio desde la Comisión Europea. ¿Un balazo al pie? No. El ascenso de ese tipo de perfiles representaría la detonación de una pistola en contra del corazón de la Unión Europea. Esperemos que no suceda.

Democracia iliberal

La guerra civil siria detonó el éxodo de la mitad de su población (entre desplazados y refugiados). Alemania recibió a un millón. Miles han llegado a otros países como Italia y Grecia. El odio en contra de ellos ha sido azuzado por gobernantes italianos (Salvini), húngaros (Orbán) o polacos (Kasczynski), entre otros.

El absurdo protagonismo de las redes sociales ha hecho mutar a la oclocracia como un modelo de democracia iliberal. Las masas polarizadas desaparecen de la agenda a las minorías; la irracionalidad del populista se traduce en likes.

Enrico Letta recuerda un ejemplo del impacto que produce la fatiga de las democracias liberales a nivel europeo. Durante la última década “el equilibrio interinstitucional entre la Comisión Europea y el Consejo Europeo experimentó un notable desplazamiento a favor de este último”.

Es usual que las elecciones europarlamentarias no despierten interés de 60% de la población medido a través del voto. En esta ocasión veremos si el efecto espantapájaros saca a las calles a millones de europeos que no desean convertirse en rehenes de políticos populistas eurófobos y xenófobos.

Twitter: @faustopretelin

FaustoPretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.