Están a punto de arrancar en forma las campañas de los candidatos de los diferentes partidos a los puestos de elección popular que están en juego, el próximo mes de junio, y ya un solo partido hizo suya la bandera del combate a la corrupción, que según la metodología con que se mida, representa una parte importante del Producto Interno Bruto. Esto significa que sumando lo que los partidos políticos reciben de apoyos de parte de la autoridad electoral y lo que cada candidato pueda obtener por su cuenta, al país le cuesta mucho dinero este juego sucio en el que se dice que sólo los políticos participan, aunque bien se sabe que también muchos empresarios y ciudadanos comunes.

Nada más hay que imaginar al área de compras de cualquier empresa, para tener una idea de por dónde corre el asunto.

Otro tipo de corrupción que es muy costoso es el que se realiza cuando la instancia encargada de revisar el trabajo desarrollado por otra no reporta las fallas, ya sea en calidad, cantidad y fechas de entrega de los diferentes trabajos. Este tipo de corrupción existe también tanto en el gobierno, como en el sector privado. Esto da origen a que muchos funcionarios y trabajadores se amparen en que otros no cumplen con su labor, para justificar su falta de honradez y profesionalismo. Mucho se ha dicho acerca del estancamiento en la productividad, aunque poco se ha ahondado en estudiar cuánto de este fenómeno se debe precisamente a la falta de ética de los trabajadores y funcionarios, que no realizan en tiempo, cantidad y forma el trabajo que deberían realizar en su jornada laboral.

Para las empresas la corrupción implica una baja en sus utilidades, o en un alza en el precio final de venta de los bienes y servicios que produce, y para el gobierno y sector público en general, significa gasto en exceso, que no tiene justificación y sí representa una carga muy pesada para los causantes. Si pensamos por un momento en que a cada trabajador o funcionario se le exigiera cumplir con lo que se compromete, podríamos ver la enorme cantidad de recursos que se ahorrarían. Un ejemplo recién dado a conocer surgió del inventario de escuelas y maestros que se hizo en casi todas las entidades del país, en donde se encontraron los casos de un sinnúmero de trabajadores que no asisten a las aulas y justifican su permanencia dentro de la nómina bajo el estatus de comisionado, ya sea en su sede sindical, o bien, en casa de algún directivo.

Para combatir la corrupción no es suficiente tener leyes; es más resultan inútiles cuando no son acompañadas de penas que hagan que el individuo que planea una manera de corrupción, piense dos veces antes de llevarla a la práctica. Seguimos viendo y presenciando casos de directivos y funcionarios que tienen un nivel de vida no justificado con los ingresos que en teoría recibe de su trabajo y aunque muchos de ellos son denunciados, no pasa nada. La gran mayoría de las personas que son víctimas de algún acto de corrupción no lo denuncian, por el temor que existe a las represalias, o bien porque al ir a denunciar se convierta en víctima del aparato que procura justicia. En tanto se mantenga esta apreciación sin cambio, no va a pasar nada, para el beneficio de todos los corruptos.

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