¿Los científicos podrán medir, en un lapso de decenas o centenas de miles de años, el cambio en el clima mundial por causa de fenómenos naturales, aparte de infinidad de microclimas? También está la modificación por obra y gracia de nosotros los humanos: más lluvias y nubosidades, elevación de temperatura en la capa de aire inmediata al suelo, crecientes anomalías en las variables, calentamiento en tierras polares y continentales, derretimiento de hielos (destaca la disminución de la masa glaciar en Groenlandia), mayor intensidad de vientos ciclónicos, 5.5 centímetros de subida del nivel del mar en la última veintena, aumento de la humedad promedio… En paralelo aumentan las catástrofes debidas a huracanes, anegamientos, riadas, maremotos, temblores de tierra, erupciones volcánicas, etcétera, más dañinas en la medida que la gente se asienta en lugares deshabitados o muy poco poblados.

Parece generalizarse la conciencia en torno del problema. Los países desarrollados encabezan las acciones de salvamento y los que no lo son se hacen remolones: ustedes ya son ricos, nosotros no podemos darnos el lujo de reducir el crecimiento. EU y la UE disminuyen sus emisiones de anhídrido carbónico (33% del mundo), mientras que China e India las incrementan, la primera, principal contaminadora en el planeta, 21% en el 2007, la segunda, 5 por ciento. Todos los europeos, desde Suecia hasta Malta, tienen objetivos cuantificados de generación de energías renovables. En México, la Semarnat es la dependencia oficial encargada del asunto, tiene 35 atribuciones, que son responsabilidades, como nos es característico, el enunciado es exhaustivo, nada se escapa. Algo tenemos que ver con el calentamiento global, pero mucho, muchísimo, con el daño suicida que hacemos a nuestro medio ambiente.

Concentrarnos en prioridades, que a mí modo de ver son agua, energía, basura, bosques, invasión del medio rural por una urbanización de ínfima clase, crecimiento horizontal de manchas urbanas, eso son, manchas, implacable automovilización con sus amplísimos aledaños de infraestructura material y de servicios. Los pobres y los no tanto son arrojados del centro a la periferia y así se marca claramente la diferencia de clases. La monstruosidad de las grandes urbes es lo que causa que las ciudades de provincia sean tan aburridas, dice Ramón Gómez de la Serna. Lo esencial, para mí, es la enseñanza: en la familia, en la escuela y a través de los medios de comunicación, factores todos asaz deteriorados.

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