A don Felipe no le tocó sacar al buey de la barranca. Unos dicen que por sus impericias. Otros, que los opositores le pusieron piedritas en el camino desde el comienzo, inutilizándolo y dejando el campo libre a un futurismo tempranísimo. De aquí al 2012, cero, cero.

Los enterados hacen un balance negativo de este gobierno. Será porque están enterados. Confieso mi ignorancia para juzgarlo. Bastante logro es mantener a raya las variables macroeconómicas básicas: estamos mejor que varios países desarrollados en materia de déficit y deuda públicos. Vienen de ellos los signos ominosos para la economía mundial en la presente década.

Adivinar quién será el bueno para el 2012 está de moda y, además, en chino. Dicen los que saben que la próxima elección en el Estado de México, por arte de superchería, ha de decir mucho de la presidencial del próximo año, como si fuera un juego de tanteo.

El blanquiazul ni pinta, resultado del compló de sus adversarios. Listo para una alianza, por fortuna fallida, por default salvó el honor, ya mancillado desde endenantes.

La izquierda se negó al aberrante maridaje, por obra y gracia de su caudillo, don Andrés Manuel. Brillante oportunidad que dejó pasar: sin coalición no habrá comelitón ni, parece ser lo más posible, ventaja alguna para los comicios presidenciales.

¿A quién le vamos a ir en el 2012, con partidos que deforman la política y monopolizan las prebendas, sin ideología, todos igualitos? Ahora el chiste es ganar para administrar la lana. Pero, la gran pregunta, ¿quién ganará? ¿Un PAN desdibujado, desfigurado y descastado, irreconocible, que nomás llegó y se ubicó en su nivel de incompetencia? ¿Una izquierda dividida y sin programa, que tiene en la cima, los respetables no se ven, a

nauseabundos activistas, léase agitadores, corruptos y golpeadores?

Yo, por mi parte, votaré por el tricolor. Y espero que gane mayorías. Supongo que tiene, con 12 años en la banca, el colmillo, la experiencia y la inteligencia para darse cuenta de que debe promover los cambios hasta hoy imposibles y así inaugurar una nueva etapa de desarrollo, que necesitamos como el alma a Dios. Si esta etapa será moderna, es decir, comprometida con el país, ya se verá. Lugar común es achacarle a esa fuerza todos los males que sufrimos. Sólo parte, nada desdeñable: corporativismo y suciedad, son botones de muestra. Pero no seamos maniqueos: también le debemos los grandes adelantos de la nación, que nos sacan del primitivismo. Que no se olvide.

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