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Opinión

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Día mundial contra el cáncer ¿Qué hemos aprendido?

Desde hace 13 años, dos organizaciones: el Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer (CIIC) y la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC) en conjunto con la Organización Mundial de la Salud (OMS),) establecieron como Día Mundial contra el Cáncer el 4 de febrero, con el objetivo de fomentar acciones de prevención y detección oportuna de los distintos tipos de cáncer para reducir los fallecimientos por esta causa a nivel mundial.

Es probable que esta enfermedad haya estado presente desde los comienzos de la vida en organismos multicelulares. En 2020, la revista The Lacent Oncology publicó un tipo de tumor en el hueso llamado osteosarcoma en un dinosaurio, Centrosaurus apertus, hace 77 millones de años. En humanos, el primer registro reconocido fue un cáncer de mama, que fue descrito en el Papiro Edwin Smith, 1,600 años a. C. en el antiguo Egipto. Y el nombre se lo debemos a Hipócrates que así lo definió 300 años a. C. usando la palabra “karkinos” (en griego: cangrejo) para describir bultos ulcerosos que no sanan y “karkinoma” para tumores malignos. De hecho fue el primero en dar una hipótesis de su origen aduciendo que era un desequilibrio entre los cuatro fluidos principales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra.

Desde entonces la humanidad ha tenido que lidiar con la enfermedad, tratando de entender sus orígenes y buscando tratamientos cada vez más eficaces, hasta actualmente lo que conocemos como la medicina de precisión.

Pero realmente es gracias al avance paulatino de la tecnología y conocimiento médico que desde el siglo XIX se han empezado a dilucidar las causas que lo originan y su comportamiento clínico. En el libro “El emperador de todos los males”, su autor, el oncólogo Siddhartha Mukherjee, trata de sintetizar parte de la historia y los complejos caminos que se han recorrido para llegar hasta el conocimiento actual. Para visualizar más el problema, el libro publicado en 2010, mencionaba entonces que alrededor de 7 millones de personas morirían por la enfermedad. En las cifras actuales, con los datos de la OMS, se estima que en 2022 se diagnosticaron 20 millones de casos y fallecieron 10 millones, y esto aumentará a 30 millones para el 2040, siendo los países más afectados los de ingresos bajos y medianos. En Estados Unidos se ha mantenido desde mediados de los años 20s del siglo XX, como la segunda causa de muerte.

Con lo anterior podemos darnos cuenta de la urgencia de crear políticas públicas efectivas para abordar el problema. De ahí que en varios países se impulse una ley del cáncer o planes gubernamentales para su control, incluyendo México, aunque en América Latina ya algunos países han promulgado estas políticas. El más reciente ha sido Perú en el 2022.

Se considera que el cáncer son muchas enfermedades, describiéndose poco más de 200 tipos diferentes de cáncer, con pronóstico y tratamiento que pueden ser diferentes, dependiendo de cada caso.

Actualmente se considera que poco más del 50% de los cánceres se pueden curar. Para su estudio y tratamiento, los tumores se han dividido en dos grandes grupos, los tumores sólidos y los tumores hematológicos donde básicamente están las leucemias y linfomas.

Los tratamientos convencionales de la enfermedad han sido en primer lugar la cirugía, que en etapas tempranas puede curar a un buen número de tumores; la radioterapia que puede usarse como tratamiento único o asociado con la quimioterapia y reforzando el tratamiento quirúrgico. Y la tan temida quimioterapia, por sus efectos secundarios. Con este armamento se ha tratado en los últimos 70 años la mayor parte de los tumores, y aunque algunos tumores se han podido curar a pesar de que estén en etapas avanzadas, se perciben pocos avances.

A principios de la década de los 70s, el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon declaró la guerra contra el cáncer, aportando una estrategia en un Programa Nacional de Cáncer, distribuyendo una gran cantidad de recursos económicos. En su libro “Pasión por el DNA” James Watson -que junto con Francis Crick, fueron los científicos ganadores del premio nobel en 1962 por su descripción del ADN- menciona que la idea del plan de los Estados Unidos de crear más centros especializados para tratar el cáncer era una medida inmediata pero no la solución para la cura del cáncer y señaló que sólo entendiendo las bases moleculares del cáncer se podía llegar a una mejor solución.

Entendiendo este concepto, se catapultó la investigación del genoma humano y el desarrollo de la biotecnología, dando como resultado medicamentos nuevos y más eficaces como son la inmunoterapia, donde se trata de potencializar la respuesta inmune y las terapias blanco, que son medicamentos que se administran cuando se detecta por medio de pruebas especializadas alguna alteración genética o mutación (genes alterados) y que pueden detener el crecimiento celular con resultados en ocasiones muy alentadores. De ahí que actualmente se tratan de establecer diagnósticos más precisos para dar medicamentos más efectivos, individualizando cada caso, optimizando recursos y resultados terapéuticos.

En consecuencia a estos desarrollos, se ha visto que es la interacción de los centros académicos de investigación, en conjunto con los gobiernos y la iniciativa privada lo que ha sido la fórmula de éxito para avanzar en el control de esta enfermedad.

A la par de toda esta investigación en el tratamiento, también se ha avanzado en otras áreas como es el diagnóstico, ya sea el de patología, donde se les identifica y pone nombre a cada tumor, como los estudios de imagen, por ejemplo el Tomógrafo por Emisión de Positrones (PET), que identifica el nivel de actividad metabólica de los tumores, etc.

Desafortunadamente, se han elevado los costos de la medicina en general, pero en especial de la medicina especializada como lo es la oncología, cuyo gasto afecta de manera importante los recursos gubernamentales y de bolsillo de la población.

México tiene varios retos que vencer, crear políticas públicas más eficientes para la atención del paciente oncológico, en donde la universalización es un buen inicio; generar más centros de investigación clínica y básica, donde la academia tenga más participación y quizá empezar a entender que la iniciativa privada puede ser un buen aliado en buscar soluciones a la enfermedad. Y tenemos como ejemplo la pandemia, ya que fue gracias al trabajo en equipo de gobiernos, centros de investigación e industria farmacéutica como se pudo lograr mitigar esta amenaza.

Finalmente, la política debe estar encaminada en servir mejor a la población, y para las mejores decisiones, son las instituciones con su personal especializado las que pudieran aportar las mejores soluciones.

*El autor es oncólogo médico en el Instituto Nacional de Cancerología (InCan), con maestría en Dirección y Gestión de Instituciones de Salud, profesor titular del curso Terapias Biológicas; ha sido representante para México del grupo cooperativo SWOG (South West Oncology Group). Actualmente en el proyecto de divulgación: Ciencia, política, economía y medicina.

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