En un texto escrito para Propublica (ONG dedicada a investigar abusos de poder) la periodista Caroline Chen aborda la cobertura mediática en la crisis del Coronavirus. Chen creció en Hong Kong durante la epidemia de SARS; después cubrió la crisis del Ebola para Bloomberg News donde acompañó a los detectives del CDC (Centro de control de enfermedades) e investigó los errores gubernamentales que retrasaron la atención médica.

En su texto refiere las enormes lagunas entre el entendimiento público de lo que realmente sucede durante las epidemias. Un abismo epistemológico entre lo que dicen los expertos de laboratorio y lo percibido por el resto de los ciudadanos (y algunos gobernantes).

El primer punto que entender es que respecto al Covid-19 las pruebas aún son muy limitadas. El número de casos reportado por los medios es incorrecto. La cifra real es mucho mayor. Y aunque el gobierno estadounidense (y el mexicano) afirman “tener todo bajo control”, su declaración pretende dar falsas certezas a los inversionistas ante el desplome financiero; lo que resulta irresponsable, por decir lo menos.

Lo cierto es que no hay todavía protocolos generalizados, ni el número de pruebas suficientes para atender la velocidad de los contagios y el tamaño de la crisis. No sabemos cuántos casos hay, sabemos cuántos casos “oficiales” está reportando cada país.

Los hospitales no están listos. Los laboratorios no están listos y el propio Estados Unidos no tiene pruebas suficientes. El gobierno de Trump declaró que tenía 2,500 kits para 1.5 millones de pruebas. En realidad los kits apenas son capaces de atender a la mitad (cada prueba requiere confirmación de una segunda) y no tienen la distribución para aplicarse a ese número de personas en el corto plazo.

No es lo mismo no tener casos, que no ser capaz de saber cuántos casos tienes. De acuerdo a Chen, en Estados Unidos un laboratorio puede aplicar 100 pruebas por día (en México no hay datos: ni siquiera otros datos). ¿Cuántos laboratorios dedicados necesitamos para responder adecuadamente? En lugar de preguntarnos cuál es la capacidad de cada laboratorio, hay que preguntarnos cuántas pruebas está haciendo cada laboratorio hoy. ¿Cuál es su capacidad máxima? ¿Cuánto tiempo tarda la prueba en ofrecer resultados?

Un punto importante es el índice de fatalidad del Covid-19. He escuchado a muchos despreciar la gravedad de la situación señalando que es una enfermedad con índice de mortalidad bajo (estos expertos de diván citan porcentajes de fatalidad como analistas de seguros).

El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus declaró hace unos días: a nivel mundial el 3.4% de los casos reportados de Covid-19 han fallecido. Favor de enfocarse en la palabra “reportados”. Si países como Corea del Sur han hecho miles de pruebas y tienen datos concretos; otros sólo tenemos números hechos al vapor. Sirva la comparación: la influenza estacional mata al 0.1% de los pacientes. La gripe española que mató entre 50 y 100 millones de personas en 1918, tuvo un índice entre 2 y 3 por ciento.

El índice de fatalidad no es tan simple como dividir el número de casos reportados entre el número de muertos reportados. Es más útil entender que la propagación de la enfermedad es rápida y muy difícil de contener. Que el virus afecta más a la gente mayor, y que sus pacientes rápidamente agobian (con casos mortales o no) la capacidad hospitalaria para enfermedades respiratorias graves.  

En lugar de reportar “el índice de fatalidad del virus es x%” los medios deberían reportar “los científicos estiman que el índice de fatalidad es x% basados en la información disponible hasta hoy”. Conviene estar actualizado, la información cambia cada día. La posición de los gobiernos hoy, es de contención. Por eso se suspenden todo tipo de eventos masivos. 

Es tan fácil elaborar proyecciones fatalistas de contagiados y posibles muertes, como asegurar que todo está bien porque así nos late. Ambos extremos resultan nocivos para la sociedad. Los primeros llevan al pánico masivo, los segundos pueden contagiar a docenas con su descuido.

Para entender de dónde viene el Covid-19 es recomendable ver en Netflix: Explained: The Next Pandemic (La próxima pandemia…en pocas palabras). Un episodio de hace dos años que anticipa los sucesos del 2020.

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).