Un plan de gastos es una herramienta que nos ayuda a decirle a nuestro dinero qué es lo que tiene que hacer por nosotros, pero también a tomar decisiones y hacer ajustes en el camino, porque las cosas nunca salen exactamente cómo las planeamos.

En general hay tres reglas principales para lograr un plan de gastos que funciona:

1. Asignar a cada peso que tenemos un trabajo. Si hoy nos sentamos a hacerlo, tenemos que ver cuánto dinero tenemos en el banco y asignar a cada uno de esos pesos un trabajo. Etiquetarlo. Por ejemplo: esto para la luz, esto para la renta, esto para el cine, esto para pagar la tarjeta de crédito, etc.

Esto se dice más fácil de lo que en realidad es, porque como mencioné en la primera parte, la gente está más acostumbrada a presupuestar con el dinero que va a recibir en el mes, pero que todavía no tiene: “este mes voy a ganar tanto y lo voy a gastar de la siguiente forma”.

Se trata simplemente de hacernos una sencilla pregunta: ¿qué es lo quiero que este dinero haga por mí, antes de que me vuelvan a pagar? Debemos decirle a cada peso lo que debe hacer, a la totalidad del dinero que tenemos en mano. Si dejamos pesos sin un trabajo asignado, esos pesos harán lo que les venga en gana y perderemos el control.

2. Tomar en cuenta nuestros gastos irregulares. Muchos de nosotros tenemos gastos que sabemos que van a ocurrir pero no suceden cada mes: regalos de cumpleaños y de navidad, vacaciones, predial, inscripciones escolares, uniformes y útiles para el nuevo ciclo, primas de seguros, entre otros.

A mucha gente esto los agarra en curva y tienen que sacar la tarjeta de crédito, empeñar un objeto valioso o hacer malabares para enfrentar estos gastos. Deudas que se terminan pagando muy caras y que nos hacen vivir mirando hacia atrás y no hacia delante.

Como son gastos que sabemos que vendrán, los tenemos que contemplar en nuestro plan e ir separando dinero para que cuando lleguen, podamos pagarlos sin problemas.

Si hoy tenemos deudas porque seguimos pagando los del año pasado, al principio no será fácil pero vayamos separando lo que podamos. La idea es ir contemplándolos. Poco a poco lograremos darle la vuelta y no tendremos que endeudarnos. Esto nos quitará mucho estrés financiero y nos dará una sensación de libertad que quizá nunca antes hayamos sentido.

3. El plan no está escrito en piedra, hay que modificarlo cuando sea necesario. La verdad es que la vida pasa y las cosas nunca salen exactamente como las hemos planeado. Por ejemplo: presupuestamos 500 pesos para el recibo de la luz, pero llegó en 600. De todos modos lo tendremos que pagar y la mejor manera de hacerlo es ver nuestro plan para ver de dónde saldrán esos 100 pesos adicionales.

Lo mismo cuando anuncian que pronto vendrá nuestro artista favorito y los boletos empiezan a venderse la siguiente semana. No lo sabíamos y no habíamos planeado para ello. Pero podemos revisar nuestro plan y ver qué tendríamos que sacrificar para comprar esos boletos. Eso implicará sin duda priorizar pero también nos permitirá tomar decisiones inteligentes, sabiendo exactamente de dónde saldrá el dinero para pagarlos (o bien, quizá, decidir no comprarlos porque hay otras cosas que son más importantes para nosotros). Nosotros tenemos la decisión, porque estamos en control.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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