La idea de que el capitalismo está en crisis, y que eso ha puesto la democracia en crisis, recorre prácticamente todas las discusiones actuales de política y de economía política. Por tanto, las propuestas para “salvar el capitalismo” están a la orden del día.

Las propuestas lo mismo vienen de financieros que de los estudiosos de la economía. En ambos casos, no sorprendentemente, el resultado de la crisis del capitalismo, pero también una de las razones, es el crecimiento de la desigualdad. Se advierte que, además de lo sucedido en las últimas cuatro décadas con el neoliberalismo, las brechas se van a ensanchar cuando la automatización sustituya empleos manuales e incluso técnicos de manera masiva. Un reciente artículo de The Wall Street Journal da cuenta de las inquietudes de dos distinguidos banqueros en el tema. Uno, Ray Dalio, está particularmente preocupado por las diferencias en las capacidades técnicas que se están generando entre jóvenes pobres y ricos. Para combatir esa tendencia ha creado un fondo de 300 millones de dólares. James Dimon, director ejecutivo de J.P. Morgan, también ha creado un fondo de 600 millones de dólares para subvenciones en vivienda y el desarrollo de capacidades laborales, además de impulsar en su empresa un programa de incremento salarial a los trabajadores de menores ingresos. En ambos casos, la preocupación es la diferencia entre trabajadores que accesaron a diferentes niveles de formación de capacidades y calidades de servicios públicos, lo que se proyectará en mayores diferencias de ingresos.

De lado de la academia, James Galbraith (el hijo de quien hace tiempo predijo mucho de esta crisis) discute tres libros sobre las reformas que requiere el capitalismo. Uno es el de Joseph Stiglitz, People, Power and Profits, en el que la idea central que desarrolla, como parte de su obra fundamentalmente crítica a la ortodoxia económica conservadora, deja de lado temas como la inestabilidad del sistema financiero o la crisis ambiental, para centrarse en la idea del empleo garantizado como la base de lo que podría mantener el sistema capitalista. Es decir, la solución de la crisis es regresar la vieja idea socialdemócrata del pleno empleo. Otro es el texto de Paul Collier, The Future of Capitalism, en el que propone impuestos globales comunes, que graven la riqueza reflejada en fuentes como el valor de la tierra, para invertir en compensar los efectos negativos de fenómenos como la desindustrialización. Además de una reforma al funcionamiento de las grandes corporaciones, para cambiar las estrategias de buscar retornos de corto plazo por otras en las que se eviten abusos y se introduzcan consideraciones éticas y de responsabilidad social a todo lo que las corporaciones realicen.

Finalmente, está Capitalism Alone, el libro en que Branko Milanovik, el experto en desigualdad, propone reducir la desigualdad con la inversión en mejores bienes y servicios públicos, pero también con impuestos a las herencias y medidas como utilizar los impuestos al ingreso para financiar a jóvenes para que realicen proyectos empresariales. Es decir, hoy todo lo que creíamos saber del capitalismo tiene que ser revisado.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.