Una de las metas más grandes de muchas personas es tener una casa propia. No es para menos: es nuestro hogar, donde vivimos, donde crecerán nuestros hijos. Por eso mismo hay que hacerlo bien, con mucho cuidado, y no tomar decisiones precipitadas que a la larga nos generen un problema grande.

A lo largo de los años he escuchado la historia de personas que lo ha perdido todo por hacerlo sin pensarlo bien, porque les ganó el deseo de hacer un sueño realidad y terminaron precipitándose, sin tomar en cuenta su propia situación.

Veamos el caso de Javier. Él se acercó para pedirme ayuda porque compró una casa que ya no quiere porque está en una zona muy fea e insegura. Me preguntó si podía devolverla al Infonavit. Le expliqué que este instituto no construyó la casa, sólo le prestó dinero para que pudiera comprarla. Las casas no son bienes que simplemente se puedan devolver y mucho menos a la institución financiera. En este caso, podría tratar de negociar una dación en pago, en cuyo caso perdería todo lo que ya hubiese pagado incluyendo el saldo que tenía en su subcuenta de vivienda. Otra opción podría ser intentar venderla o traspasarla, pero dadas las condiciones del inmueble, podría ser muy complicado.

O bien el de Martha, una lectora que me escribió muy preocupada porque ya no podía pagar su hipoteca. Pero además se dio cuenta de que su deuda era más grande que el valor de esa propiedad, porque en esa zona los bienes raíces habían perdido valor. Quería ver opciones para tratar de conservarla, si podía buscar un refinanciamiento de su deuda para poder continuar.

También está el caso de los créditos conyugales. Lulú me dijo que está por divorciarse de su esposo por irresponsable. Adquirieron su departamento mediante un crédito conyugal, pero él no tiene trabajo y ella no tiene dinero para comprarle su parte. Podría seguir pagando la mensualidad completa por un tiempo, pero no para siempre. Tiene miedo de que terminen perdiendo la propiedad y además afecten su historial crediticio de manera importante.

Todas éstas son historias tristes, de situaciones que es muy difícil resolver. Pero hay historias peores: gente que compra casas de manera irregular e informal, sin darse cuenta de que lo están arriesgando todo.

Alejandro, por ejemplo, compró una casa hipotecada hace siete años. La sigue pagando, pero todo está a nombre del antiguo dueño. Me preguntó cómo podía hacer para cambiar la casa (y la hipoteca) a su nombre. Le tuve que explicar que su patrimonio estaba en grave riesgo porque las casas hipotecadas no se pueden comprar ni vender a menos que la hipoteca se libere y liquide en el proceso. En su caso, tanto la casa como la hipoteca —ambas— están a nombre de otra persona. Si no es alguien honorable, tendrá muchos problemas porque la casa legalmente le sigue perteneciendo. Peor aún, si llegara a fallecer, la casa podría pasar a algún heredero, y si no dejó testamento, tendría que seguir un largo juicio donde habría otras partes interesadas, por lo cual sus posibilidades no serían muy altas. Todo por hacer las cosas mal, en la informalidad y sin sentido común.

Entonces, comprar una casa de manera incorrecta, sin pensar, puede a la larga hacernos perder todo nuestro patrimonio, y peor aún, nuestras ilusiones. Tristemente son casos bastante frecuentes en México, por la poca cultura y formalidad con la que hacemos las cosas en nuestro país.

Hace poco me escribió una persona para preguntarme cómo puede hacerle para comprar una casa que le ofrecen si no tiene ningún enganche. Me pregunta: ¿Puedo usar lo que tengo en la subcuenta de vivienda en el Infonavit y el resto financiarlo con un banco? La respuesta desde luego fue negativa.

Si uno no ha tenido capacidad de ahorro, ¿tendrá capacidad de pago? No lo creo. Un crédito hipotecario es algo serio, y meterse en algo que uno no puede pagar sólo por la ilusión de tener una casa propia siempre termina mal.

Desde mi punto de vista, si uno no tiene ahorrado por lo menos 20% del valor de la propiedad que quiere adquirir, además de un fondo para emergencias, aunque sea pequeño, no debería ni siquiera pensar en comprar casa. Si uno no puede pagar cómodamente las mensualidades de un crédito a 15 años y tiene que irse a un plazo mayor, tampoco. Uno se puede amarrar el cinturón por un tiempo, pero recordemos que son préstamos a muy largo plazo. ¿De verdad queremos vivir ahorcados, sin margen de maniobra para cualquier otra cosa? ¿Qué pasaría si perdemos nuestro trabajo y nos tardamos en encontrar otro que nos pague por lo menos lo mismo? ¿Si tenemos una mala racha y no tenemos un centavo para emergencias?

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JoanLanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com