Muchas veces he escrito en este espacio que el ingreso que podemos tener, siempre, independientemente de cuánto ganamos, es limitado. Es decir, muchas veces no podemos comprar o tener todo lo que nos gustaría. Por eso es fundamental tener muy claro qué va primero y qué va después. En otras palabras, priorizar para luego enfocarnos, precisamente, en aquello que es más importante para nosotros.

Sin embargo, a lo largo de los años me he dado cuenta de que mucha gente no lo tiene claro o, por lo menos, pospone lo importante porque quieren aprovechar las oportunidades que se cruzan en el camino.

Entonces lo primero que debemos hacer es preguntarnos: ¿qué es lo más importante para mí en la vida? Seguramente no tiene nada que ver con cosas materiales, sino más bien con nuestros valores. Por ejemplo, darle a mis hijos mayores oportunidades, que no dependan de mí cuando yo ya no pueda trabajar. También, quizá, vivir una vida sin estrés y sin deudas. O bien, que nunca falte comida en casa. Tener la posibilidad de vivir experiencias enriquecedoras.

Hay que hacer esta lista, porque nos ayuda muchísimo a dar contexto a lo que realmente queremos lograr. Ahora bien, junto con cada cosa que mencionamos, hay que poner el valor que representa. Por ejemplo, seguridad, libertad, tranquilidad, entre otros.

Una vez que la tenemos hecha, hay que establecer algunas metas financieras relacionadas. Por ejemplo, si para mí es importante darle a mis hijos mayores oportunidades, tengo que escribir cómo lo voy a hacer. Eso implica, muchas veces, que puedan estudiar su carrera profesional en las escuelas más prestigiosas. Y eso implica recursos financieros.

Si queremos vivir una vida llena de experiencias, seguramente necesitaremos dinero para pagarlas. O si, por el contrario, lo que más nos importa es tener una vida sin preocupaciones ni deudas, posiblemente tendremos que hacer un plan para liquidarlas.

Tendremos así una lista de metas financieras, todas ellas asociadas a alguno de nuestros valores. Eso ya nos da una claridad impresionante, pero tenemos que tomar acción y, nuevamente, definir con base en nuestro presupuesto, en cuáles nos podemos enfocar en este momento (puede ser una o varias, pero no recomiendo que sean más de tres).

Esto parece sencillo pero no lo es, porque en nuestro presupuesto hay varias cosas compitiendo por nuestro dinero. Por ejemplo, comprarle a nuestro hijo una computadora portátil para la licenciatura puede implicar que durante un tiempo no podamos hacer pagos anticipados a la hipoteca (lo cual para nosotros puede ser, incluso, más importante).

Si esto nos pasa, si tenemos conflictos al tratar de priorizar entre dos metas que nos parecen fundamentales, tenemos que preguntarnos ¿cuál de estas metas beneficia más a la familia? ¿Cuál sufrirá más si la posponemos?

Pensemos, por ejemplo, en el eterno conflicto que viven los padres: ¿ahorro para mi retiro o para la educación superior de mis hijos? Ambas son metas de largo plazo. Si no podemos con las dos, tendremos que pensar que, si no ahorramos para el retiro, tendríamos que depender de ellos para vivir en el futuro. Por el contrario, si no juntamos lo suficiente para su educación, siempre hay maneras de complementar (a través de financiamientos educativos o becas, en su caso).

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com