Yo pienso que la fórmula es muy fácil: para derrotarlo hay que convencer a la gente que lo apoya, que lo deje de apoyar. Parece una verdad de Perogrullo, pero si no logramos convencer a la gente que lo apoya que el país va por el camino equivocado, la gente lo seguirá apoyando.

Algunos analistas dicen que lo que falta es un líder que se le enfrente, no lo creo; por un lado, ese líder no existe y probablemente no se vaya a dar en los próximos años; y por el otro, la gente sigue apoyándolo porque para ellos López Obrador es su única alternativa en medio de la crisis.

Más allá de las cifras macro en economía, empleo, seguridad, pobreza y del mal manejo de la pandemia, López Obrador está llegándole directamente a más de 25 millones de mexicanos con apoyos en dinero, que en medio de la crisis tienen mucho más impacto que si la economía fuera bien.

López Obrador tenía razón cuando dijo cínicamente que “la pandemia nos cayó como anillo al dedo”; de no ser por ella no tendría una justificación a la crisis económica y de empleo que vivimos. Con el coronavirus tiene a quien culpar de todas las crisis que enfrentamos.

Le habla a la gente en el idioma y de los temas que la gente quiere, mientras que parece que los opositores hablan del país que ellos quisieran y no del que existe en la realidad. López Obrador tiene un discurso populista y la oposición uno antipopular.

Todas las causas de López Obrador son causas que a la gente le gustan, la lucha contra la corrupción, la austeridad, la baja de salarios, la reducción del gobierno, los programas sociales, la Guardia Nacional, el apoyo a Pemex y CFE, la refinería, la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el Tren Maya, el Tren del Istmo, la rifa del avión y cancelación de los fideicomisos para comprar medicinas y la consulta a los expresidentes, entre otros; mientras que los opositores se han dedicado a criticar y descalificar todo lo que él dice, sin importar qué opina la gente y sin hacer ningún esfuerzo por explicarlo.

Como lo demuestran las encuestas de las últimas semanas, va ganando la guerra, hay quienes dicen que en esos niveles de popularidad estaban en el segundo año de gobierno: Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y hasta Peña Nieto; cierto, pero ninguno de ellos había enfrentado una crisis tan profunda como la que tenemos ahora. La lealtad a López Obrador por parte de sus seguidores no la tenían ninguno de los anteriores presidentes y es producto de 18 años de hablar con la gente y hacer campaña pueblo por pueblo.

Para ganarle a López Obrador tenemos que dejar de hablarnos a nosotros mismos y empezar a hablarle a la gente común y corriente, que no son ignorantes como algunos los califican y que al revés, están mucho más conscientes de lo que les conviene en este momento y por eso, a pesar de que se dan cuenta que el país no va bien, ellos creen tener un salvavidas que se llama López Obrador.

Si queremos derrotarlo tenemos que dejar de descalificarlo en lo personal, crear conciencia de que por este camino el país no va a ofrecer oportunidades a nadie, en especial a los jóvenes, y sobre todo tener una oferta a la gente mejor de lo que les ofrece López Obrador.

Tenemos que dejar de hablar de lo macro, para meternos en los zapatos de los más de 50 millones de mexicanos que lo apoyan y tenemos que ir a los lugares donde está esa gente y ofrecerles respuestas a sus demandas.