El comentario lo hizo en España a la periodista Ana Pastor en el programa Desayunos de TVE. El jefe de un Estado laico, como es el nuestro, no puede -no debe- públicamente citar las Sagradas Escrituras y asumir como un hecho verídico una aparición cuya creencia está sujeta a la fe particular, a la convicción religiosa de una parte de la sociedad.

Por lo visto, nuestro Mandatario piensa que en España, país donde un espadón asesino se convirtió en caudillo por la gracia de Dios, es válido hacer una cita bíblica en la televisión para ilustrar un tema con un ejemplo conocido por el auditorio. Si así fuere, nuestro Presidente tiene un problema de percepción histórica, persiste en él la certeza de que en el país ibérico aún impera el nacional-catolicismo que sustentado por el régimen franquista hizo de la religión católica materia escolar obligatoria y de los enemigos ideológicos de la Iglesia reos de juicio.

Pero este columnista pretende ser propositivo. A toro pasado -declaración dada ni Dios la quita- quiero sugerir algunas opciones laicas con las que Felipe Calderón pudo ejemplificar la imposibilidad de que los malos se vuelvan buenos. Bien pudo decir: Es como si su majestad Juan Carlos I, de cara a la modernidad y en un acto de generosidad democrática, aboliera la monarquía por considerarla obsoleta y onerosa . O tal vez, para no mentar la soga en la casa del ahorcado, hubiera sido políticamente correcto poner un ejemplo mexicano: Es como si el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, para evitar especulaciones periodísticas y malos entendidos, de la noche a la mañana publicara en los medios una declaración sobre la procedencia de su patrimonio inmobiliario . Esta opción no hubiese sido la idónea porque los españoles desconocen quién es García Luna -al parecer el Presidente también-. Lo mejor hubiera sido recurrir a la metáfora favorita de Calderón, la de los boleros –en este caso se les denominaría limpia botas-.

Es como si les prestas tu cochera a unos limpiabotas para que lustren el calzado del vecindario y los chicos se vuelven tan agradecidos que de un día para otro te cambian tu auto Golf 93 por un Mercedes del año .

La idea de que por arte de magia los malandrines se conviertan en santos varones es utópica, pero no deja de ser una fantasía deseable. ¿Que tal qué mediante una aparición sobrenatural como la que cuenta el Libro de Hechos de los Apóstoles, le ocurrió camino a Damasco a Saulo -nombre de San Pablo cuando era sicario y mataba cristianos-, un capo del crimen organizado se constituyera, súbitamente, en acérrimo enemigo de la violencia?

Camino a Badiraguato

La noticia de la detención de Griselda, su segunda esposa, lo puso de mal humor. Se tranquilizó al saber que sólo fue una detención de rutina. La señora tras un viaje de ida y vuelta al DF en un vuelo especial todo incluido, ya estaba en libertad. El buen humor regresó a su semblante cuando se enteró que únicamente habían cateado siete de sus residencias, de las cuales sólo seis quedaron precintadas.

Si bien en el operativo habían incautado cinco cajas fuertes con joyería, dos procesadores de computadora, tres laptops y siete automóviles de lujo, eso era poca cosa para don Joaquín, que si algo tenía en abundancia eran cargos delictivos y dinero –no necesariamente en ese orden-. Por algo estaba en el ranking de la revista Forbes como uno de los más ricos y poderosos del mundo. También aparecía en segundo lugar de la lista de los más buscados, solamente antecedido por Osama Bin Laden. (Qué tanta distancia había entre el primero y el segundo, era difícil de establecer mientras no dieran con sus paraderos).

Pasado el incidente, cierta tarde en que don Joaquín se encaminaba a Badiraguato a replantear su estrategia con el objetivo de exterminar a sus enemigos que para entonces eran miles, paró su vehículo todo terreno y bajó a desahogar el cuerpo. Después de despacharse un six de su cerveza favorita -Chela Lora, la más pegadora- su vejiga reclamaba enfriar la plaza.

Anochecía. El capo se alejó de sus cinco guardaespaldas (en realidad eran decenas, pero yo pongo cinco por si surge algún productor cinematográfico interesado en filmar esta historia no gaste un dineral en extras). Con cuidado de no pisar el sembradío de su propiedad: pura cola de borrego sin semilla, calidad de exportación, se hizo a un lado del camino, sacó su instrumento y comenzó lo que científicamente se llama micción­ –cuando el sujeto de esta acción padece de la próstata a la operación se le denomina micción imposible-.

Luego de Saturnino Guajardo –léase sacudirlo y guardarlo- de repente una luz del cielo relampagueó a su alrededor. Él cayó al suelo y escuchó una voz femenina que le decía: -Chapo, Chapo, ¿por qué quieres destruirme? -¿Quién eres, señora? –Soy la patria –dijo la figura tenue de mujer impecable y diamantina- a quien tú, tus cómplices y tus enemigos se han propuesto arrasar y cubrir de sangre para seguir con el negocio de la droga. Perdón señora por lo que te hemos ocasionado -dijo el capo- pero son 40,000 millones de dólares lo que te entra, dicho con respeto, por ese concepto. ¿Qué pretendes -prosiguió- que se legalicen las drogas? En eso no había pensado –dijo la figura femenina transformándose en arpía- levántate y ve a Badiraguato que ahí se te dirá lo que tienes que hacer.

Las epístolas de San Chapo

Y en dicha localidad, cuentan, don Joaquín recibió a un enviado de la patria y de su sistema económico, apodado El Azul, que le dijo lo que tenía que hacer.

Y el capo se encerró tres días, sin comer ni dormir, lo único que hizo fue escribir sin parar, con una pasión frenética que al igual que el alfabeto le era desconocida. -Ya párele compadre, ¿de cuándo acá es usted hombre de Letras?- le dijo su compadre don Mayo. Don Mayo había cobrado notoriedad semanas antes al salir su fotografía en la portada de una revista abrazado con don Julio (entre don Mayo y don Julio debió haber estado don Junio pero no pudo asistir a la sesión fotográfica por estar ocupado en los preparativos del Mundial de Futbol). No sé que me pasó –le explicó El Chapo a su compadre- que cambié la AK 47 por la Mont Blanc y escribí ocho cartas.

La sorpresa fue mayúscula para don Mayo al saber que su compadre era capaz de escribir. A él le constaba más que a nadie que Joaquín estudió la primaria por correspondencia: le mandaban los exámenes por correo y el remitía los sobres cargados de dinero. Pero la sorpresa se volvió asombro cuando vio una caligrafía perfectamente entendible, sin faltas de ortografía y con una sintaxis que ya quisiera cualquier panista para sus discursos de campaña. Y el asombro se tornó en pasmo cuando leyó el contendido de las ocho epístolas que estaban dirigidas a los cárteles de Tijuana, a los de Juárez, a los del Golfo, a los del Pacífico, a Los Zetas, a La Familia Michoacana, a La Línea y a los gobernantes, en ellas con argumentos sólidos e irrebatibles, en un tono conciliador y pacifista sugería la conveniencia de cancelar la violencia en la actividad económica que histórica y geográficamente nos pertenece: el trasiego de drogas a Estados Unidos .

Las ocho cartas terminaban igual: Por el bien de México, ¡narcotráfico en paz, ya! ¡Dólares para todos!