Cuando a un político le preguntan cómo mejorar la economía, inmediatamente piensa en elevar el crecimiento económico, esto es el Producto Interno Bruto (PIB).

Independientemente de que el PIB tiene de todo, producción buena y producción mala, lo más grave es cuando los políticos, como Trump, ignoran los efectos en el cambio climático al no querer controlar los recursos naturales.

Dice David Pilling del Financial Times: “Cualquier intento de reducir la producción física o de señalar las contrapartidas del crecimiento económico (medido de forma convencional) frente al deterioro ambiental, es susceptible de ser tachado de freno al progreso económico. Si se midiera de otra manera el crecimiento y la conservación del medio ambiente, no tendrían por qué entrar en conflicto, ni ser antagónicos. Si usamos únicamente el PIB para medir el progreso de nuestras economías, la mejora de nuestra vida es a costa del planeta”.

Lo que estamos observando de los efectos devastadores del cambio climático debería ser motivo de decisiones políticas globales, no sólo una declaración de buenas intenciones. Unos ejemplos:

1. En el 2017 hubo al menos 712 fenómenos climáticos extremos que provocaron pérdidas estimadas de 290,000 millones de euros, el triple del 2016. Como fenómenos extremos debido al cambio climático están el aumento de la intensidad de las tormentas y la mayor severidad de las sequías.

2. Una investigación de 350 expertos de 22 países concluyó que la mitad de la masa de hielo de la región del Himalaya está en riesgo de desaparecer, lo que afectará a ocho países en donde viven 250 millones de personas.

3. El océano glacial Ártico casi ha desaparecido.

4. La Antártida empieza a agrietarse.

La solución a la problemática es global porque involucra a todos. Los científicos reconocen que 40% de los gases de efecto invernadero proviene de 8,000 centrales eléctricas que funcionan con combustibles fósiles, por lo que hay que reducir su número.

Estos hechos Trump los ignora. Y Bolsonaro declara en Davos que “Brasil es el país que más preserva el medio ambiente”. Lo hace tres días antes de la gran catástrofe de la represa de la minera Vale en Minas Gerais, que significó 12 millones de metros cúbicos de lodo tóxico y 290 hectáreas afectadas, 110 muertos y 240 desaparecidos.

Ante la indiferencia de los gobiernos, la desconfianza de la población aumenta. Ello alimenta la fuerza de los movimientos antisistema.

Resulta notable que Larry Fink, presidente de BlackRock, la mayor gestoría de fondos de inversión del mundo, advierta los peligros. En su informe para los accionistas sobre las perspectivas del 2019 dijo: “La confianza decae (...) angustiada por los cambios económicos y la incapacidad de los gobiernos para brindar soluciones duraderas, la sociedad está esperando cada vez más que las compañías aborden asuntos sociales y económicos apremiantes”.

Tienen razón los que advierten de los peligros del cambio climático y los que consideran que la desconfianza actual es un peligroso disolvente social.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.