De manera sorpresiva fue anunciado un recorte al gasto público para el presente ejercicio, así como la cancelación y posposición de algunos proyectos de obra púbica, lo que en conjunto tendrá un impacto limitado sobre la cifra final de déficit para el año, pero que sí provocará un retraso en el repunte de la economía. Existe coincidencia en que el mercado interno está muy debilitado, ya que el poco empleo que se genera es de baja productividad y bajos salarios; no hay inversión productiva, ni pública ni privada y las exportaciones tienen un menor impacto sobre el mercado interno, por su bajo contenido nacional. En estas circunstancias, un flujo considerable de inversión extranjera sería un gran estímulo, tanto para el empleo como para los salarios, e incluso podría propiciar que despertara la inversión privada para acompañar varios de los nuevos proyectos que se inicien. Otro de los problemas con el mencionado anuncio es que al cancelar y posponer obras públicas se detiene el aumento del empleo en la construcción, que por mucho es el de mayor impulso a la ocupación de la población de menores recursos y mayor marginación.

En marcado contraste con esto, ya hay quienes están vociferando -de nueva cuenta- sobre la necesidad de que se recorten los sueldos de la burocracia, aunque no mencionan que ya de por sí existe un exceso de personal que labora en el sector público. Si bien es cierto que la alta burocracia percibe buenos salarios, éstos en muchas ocasiones son opacados por los ingresos de funcionarios privados de igual nivel, lo cual tiene un efecto adverso sobre la capacidad de negociación de los funcionarios públicos con sus pares privados y puede dar origen a corrupción, en especial cuando se negocian contratos, obras, permisos o concesiones. Existe un exceso de niveles jerárquicos dentro de la burocracia, ya que el argumento de que la baja burocracia no trabaja y no es confiable se ha utilizado una y otra vez para sobreponer personal de confianza, que en teoría realiza el trabajo que los demás no hacen. De esta forma se ha llenado un incontable número de oficinas, en donde la baja burocracia percibe salarios paupérrimos y efectivamente su productividad es muy baja.

Una de las mayores reformas que es necesario emprender es la relacionada con el rediseño del sector público, cuya estructura organizacional sea replanteada de acuerdo con objetivos muy claramente definidos y todo el personal sea sometido a una evaluación, con el objeto de estructurar un programa de capacitación y llenar las nuevas oficinas con personal de la más alta capacidad, con buenos salarios y de elevada productividad. De esta manera el sector público podría ahorrar muchos recursos y mejoraría el ambiente laboral, lo que repercutiría en el servicio al público.

El programa de servicio civil de carrera se detuvo inexplicablemente, y basta preguntar a cualquier trabajador de cualquier nivel de alguna dependencia acerca de este programa para enterarse de que siempre fue una burla al público. Los altos funcionarios no siguen las reglas del servicio civil de carrera, contratan a quien les viene en gana y despiden sin más, simplemente anunciando los famosos programas de retiro voluntario, que son muy onerosos para el erario y en donde normalmente se pierden los cuadros mejor preparados. Una y otra vez se ha dicho que un gobierno grande no necesariamente es un gobierno fuerte y sin duda en México somos ejemplo de esto para el mundo.

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