Un error puede derivar en una crisis difícil de revertir. Mariano Rajoy destapó la botella del genio para solicitarle que contuviera el Estatuto catalán, y que tal decisión le saturara en su persona de rasgos nacionalistas.

Después de 13 años, el demonio que salió de la botella ya no quiere regresar a ella.

Vox, el viejo Partido Popular (PP) que ya no se siente representado por Pablo Casado, decidió nacer como el partido de ultraderecha para subestimar los ataques a las mujeres, defender a los toros y al rey y hacer las veces de los “niños héroes” para lanzarse desde la Fuente de Cibeles en defensa de los “terroristas” catalanes.

Albert Rivera y Pablo Casado pensaron que su rival en las dos elecciones generales del año pasado sería el histórico PSOE. Se equivocaron. Vox les destrozó su agenda.

Vox engañó a Ciudadanos y al Partido Popular al hacerles creer que su plataforma era multitemática. No lo es. Su misión de vida es catalogar a los independentistas catalanes como “terroristas”. De esta manera, Cayetana Álvarez de Toledo dice cubrir la vacante de la vocería del PP, pero no es así. Es una ultra que ve sangre en las manos del presidente Pedro Sánchez al ”burlarse” de las víctimas de ETA.

Pablo Casado cambió de imagen entre las dos citas electorales del año pasado. En la segunda se presentó con barba para demostrar, simular o engañar que ya era un político con experiencia. Pero todo fue un cuento. Ahora le dice a Sánchez que su Presidencia es “ilegítima”. Este tipo de calificativos son muy utilizados en Venezuela por los opositores de Maduro, pero en España uno nunca  hubiera pensado que el líder del PP lo utilizara para tratar de frenar a Sánchez. El presidente llegó a la Moncloa a través del voto y de la coalición con Unidas Podemos, pero Casado ve un golpe.

Rivera y Casado viven su brexit en la figura de Vox. Pensemos en Inés Arrimadas, descolocada al llegar a Madrid para atacar a los “terroristas” catalanes. Arrimadas dejó el Parlament en el peor momento de su partido Ciudadanos. Entre su canción que interpreta en las Cortes Generales “El sanchismo” y la caída de Rivera, Arrimadas se ha quedado sin voz.

En España ha desaparecido la influencia del centro político bajo el PP como referencia. Ahora un ejército mediático y de redes sociales propaga el discurso apocalíptico de Vox. Una de sus figuras es Federico Jiménez Losantos.

Pedro Sánchez se encuentra en una posición incómoda porque nunca pensó que Ciudadanos y el PP fueran tan débiles frente a la ultraderecha de Vox. Las elecciones de abril las utilizó para distanciarse de Pablo Iglesias y de su banda chavista. Lo hizo sin hacer una lectura fina sobre el ocaso de Ciudadanos y el lamentable juego de Casado.

Los independentistas catalanes de ERC le ofrecieron su abstención sin precio alguno. Sánchez no quiso. Ahora se encuentra en la Moncloa junto al personaje que supuestamente le iba a quitar el sueño, Pablo Iglesias.

El golpe de timón vino desde Estrasburgo. La Justicia de la Unión Europea le da luz verde a Puigdemont para que se convierta en europarlamentario. En España, Jiménez Losantos y Vox, es decir, el PP y Ciudadanos, articularon una estrategia de ataque en contra de la Unión Europea. Lamentable.

Puigdemont libre y Junqueras encarcelado. Dos escenarios de una misma historia.

Como una película de Buñuel, el PP cree que es líder de la oposición, no lo es. Es Vox porque grita más fuerte y carga una bandera española más grande.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.