Branko Milanovic acaba de presentar en México su libro Desigualdad mundial, un nuevo enfoque para la era de la globalización, como parte de la formidable colección de títulos que sobre el tema de desigualdad publica el Fondo de Cultura Económica. El estudio de Branko, que compara la desigualdad entre países, es único y resulta uno de los textos más influyentes de la discusión del tema. Hasta recientemente, la evolución de la desigualdad de un país se explicaba con la llamada curva de Kuznets (desarrollada por el premio Nobel Simon Kuznets) y que tiene la forma de una U invertida. Se decía que, en un país pobre, a medida que se van desarrollando, el ingreso se concentra, pero cuando se alcanza cierto nivel de desarrollo, la desigualdad disminuye. Es por eso que discutir la desigualdad no se consideraba importante, ya que el progreso necesariamente nos llevaría a alcanzar la equidad. Branko ofrece evidencia sistemática para mostrar que la figura de la evolución de la desigualdad se parece más bien a la silueta de un elefante, ya que eventualmente, después de ciertos niveles de desarrollo, la desigualdad vuelve a crecer.

Eso también sucede cuando se mide la desigualdad entre países. Primero aumentó cuando las clases medias de países desarrollados crecieron, después disminuyó ante el aumento masivo de ingresos de personas en países como China y la India, pero ahora parecería volver a crecer por la desigualdad interna de la propia China. Branko explica la disminución de la desigualdad por causas tanto malignas como benignas. Las primeras pueden tener carácter endógeno, es decir, la propia desigualdad extrema puede ser una de las causas de fenómenos como guerras o cambios políticos extremos. Las segundas son políticas o fenómenos que incrementan los activos físicos o de capital humano de las personas de menores ingresos, los que fortalecen el salario, como el poder de negociación de los sindicatos, o mecanismos que reducen las transferencias del grupo privilegiado entre generaciones, como el impuesto a las herencias. Branko es crítico de propuestas como la del ingreso universal, porque terminaría como el estado de bienestar que se basa en ofrecer garantías a las personas ante fenómenos catastróficos, como la enfermedad, el desempleo, o el envejecimiento, a cambio de un ingreso que, sin un incremento muy grande de los impuestos, sería muy bajo.

Las razones que Branko encuentra para explicar los aumentos de la desigualdad son varias. Una es el cambio tecnológico que genera la robotización y, por tanto, reduce la oferta de mano de obra no calificada. Aunque también señala que se podría desarrollar tecnología para incrementar la productividad de personas con bajos recursos. Es, por supuesto, la tendencia desde los años 80 de reducir las tasas de Impuestos sobre la Renta y como consecuencia los servicios públicos, así como el hecho de que las personas que obtienen altos salarios ahora son también accionistas de empresas y poseen propiedades. Lo que Branko señala es que se han consolidado en las democracias formales sistemas plutocráticos, capaces de capturar las instituciones políticas, para asegurar el crecimiento de los ingresos y activos del sector más rico de la población. Es por eso que los gobiernos no impulsan políticas que benefician a la mayoría, como la inversión en universidades públicas, en transporte masivo o salud universal, mientras que se busca relajar las regulaciones laborales y permitir deducciones de impuestos a personas con rentas muy altas.

Las reflexiones que sobre México podemos hacer del trabajo de Branko son muchas. La más obvia es hasta qué punto el limitado debate sobre las alternativas de política económica en México se explica por una plutocracia interesada en mantener el escenario de estabilidad, bajo crecimiento y ninguna redistribución del ingreso. En realidad, las curvas que miden la desigualdad de México, elaboradas por el propio Branko, se parecen a las del mundo en su conjunto. Los sectores de la población más pobres de México tienen niveles de ingreso similares a sectores de ingreso bajo de los países más pobres, mientras que los más ricos del país cuentan con tantos recursos como el 1% más adinerado de las naciones de mayor desarrollo. El otro tema es la pregunta sobre la razón por la que México, uno de los países con mayor apertura económica, no fue, a diferencia de China o la India, capaz de recortar, durante el periodo de globalización, la brecha de ingresos frente a los países ya desarrollados. Branko lo atribuye a que no hemos sido capaces de exportar productos con mayor tecnología, y por tanto mayor valor agregado.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.