Es difícil hacer un ensayo al respecto. Por ello, he aquí algunas ideas concretas que ojalá le ayuden a calificar el concepto... y a tenerle respeto.

Se especula que un grupo de activistas, presumiblemente molestos con la injerencia gubernamental, crearon una unidad de valor en el espacio cibernético. Esta unidad podría intercambiarse de forma segura a través de un programa de encriptamiento de datos llamado blockchain y sin control institucional de gobiernos o bancos centrales.

Para asignarle valor a dicha unidad, dado que no tiene ningún respaldo intrínseco, decidieron partir de un principio simple: el costo de la energía necesaria para generar bitcoins. Además, la fluctuación de su valor se derivaría de su relevancia en la red a través de una relación conocida como Ciclo de Satoshi.

Desde su surgimiento en el 2009 ha tenido un incremento en su valor impresionante. En particular en este año, el alza ha sido descomunal; lo cual parece no sólo estar ligado a la demanda real del instrumento, sino también ¡a la demanda de información sobre la misma!

No se trata de una moneda como tal. En primer lugar no tiene una oferta controlada. También tiene límites en su uso como medio de pago por bienes y servicios comunes. Finalmente, no cuenta con un respaldo legal e institucional que una moneda oficial ostenta.

Se trata, pues, de un activo cuya demanda ha florecido, probablemente por el mismo incremento que ha venido registrando. Eso quiere decir que no necesita un volumen específico para subir más o para desplomarse. Compruébelo con lo sucedido.

 Después de haber subido por cuatro días en cerca de 20%, en las últimas horas de operación, debido a rumores sobre fallas en los sistemas de intercambio, se generó una toma de utilidades que resultó en una baja ¡de 20 por ciento! en cuestión de un par de horas.

El movimiento de su precio per se no hace a un activo más valioso. Y estamos hablando de un activo cuya sustancia radica en la demanda que otros puedan tener sobre el mismo (ya sea a través de crear más bitcoins o de buscar información sobre la misma). En efecto, suena a un esquema Ponzi, en donde la multiplicación de la euforia no tiene nada de valor que la sustente.

¿Adónde apunta el futuro? Tal vez a la hora que usted lea estos renglones continúe el desplome. Tal vez haya de nuevo una recuperación eufórica (el precio de los bitcoins ha caído cuando menos 25% en tres ocasiones en lo que va del año). Pero puede tener la certeza de que se trata de algo que tiene riesgos visibles en el futuro, no sólo por los signos claros de exuberancia, sino por las consecuencias a que debe llevar si continúa su escalada.

Hoy hay un volumen invertido en criptomonedas de cerca de 160,000 millones de dólares. De continuar la misma tendencia exponencial de alza podríamos estar hablando de un valor de 1.3 billones de dólares en un año, eso no pasará desapercibido en los mercados financieros en donde el intercambio de otros activos regulados genera comisiones y apego a estrictos sistemas de control de abusos.

El crecimiento del precio y una magnitud mayor deberán generar intentos de regulación y demandas de mayor control de riesgos. Ello le puede quitar el atractivo a las criptomonedas y nada puede ser peor para estos instrumentos que el que deje de haber demandantes. Recuerde que el valor de cualquier activo es lo que un tercero está dispuesto a pagar por él.

Lo más difícil en este negocio es moderar la ambición. Invertir en algo sin conocer bien de qué se trata y cuyo valor intrínseco es difícil de definir es algo atrevido. Recuerde, no hay ningún activo que haya podido sostener a lo largo de la historia una escalada de precios como la que se observa en las criptomonedas, tenga cuidado.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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