Después de 12 años de gobierno kirchnerista y tres años y medio de gobierno de Macri, Argentina sigue sin encontrar su rumbo. Camino a las elecciones presidenciales de octubre, la economía no se recupera y la inestabilidad política crece día a día, conspirando contra un retorno a la normalidad.

El dólar sube, el riesgo país está por las nubes, la inflación no amaina a pesar de la recesión. Las necesarias inversiones para promover el desarrollo prefieren esperar hasta que aclare, pero ya hace cuatro años que están esperando y no se ve que nada se aclare. Al contrario, se oscurece. Cada semana que viene, trae novedades que afectan a la estructura institucional del país.

Esta semana, trajo dos y de suma importancia. Por un lado, la decisión de la Corte Suprema de Justicia, violando la jurisprudencia tradicional de la Corte de no tomar asuntos que no tengan fallo definitivo y violando la jurisprudencia de esta Corte en su composición actual, resolvió el martes solicitar al Tribunal de Alzada uno de los expedientes por los cuales la expresidente Cristina Kirchner está procesada y va a juicio oral.

De esta manera, el juicio oral que debía comenzar en pocos días, quedó en el aire, postergado sine die por falta del expediente para llevarse a cabo las diligencias procesales adecuadas a un juicio oral.

Este mismo tribunal, había rechazado mociones semejantes de la defensa de Cristina Kirchner, del poderoso exministro de Transporte y Vialidad (suyo y de su marido) Julio de Vido y del empresario Lázaro Báez (protegido desde siempre por Néstor Kirchner cuando era gobernador de Santa Cruz y testaferro de éste), pero ahora cambian de opinión.

¿Será que la mayoría del máximo tribunal argentino comienza a acomodar el cuerpo jurídico ante el cambio de los vientos políticos? Pero, ¿tan poca independencia tiene la Corte como cambiar de opinión sobre el mismo asunto con tan pocos meses de diferencia?

Y aquí se da el segundo hecho. Alberto Fernández, exjefe de Gabinete de Néstor y Cristina (y elegido por la propia Cristina para que lo acompañe en su fórmula a las presidenciales, él como aspirante a la Presidencia y ella como vicepresidenta), con la que luego se distanció para volver a amigarse recientemente, disparó munición gruesa contra los magistrados que han estado juzgando a su jefa. Fernández, que ronca fuerte en el entorno de Cristina y no es una voz cualquiera, dijo que “ojalá que lo que decidió la Corte sirva de espejo para el resto de las causas”.

Y agregó, en claro tono de amenaza: “Algún día Ercolini, Bonadío, Irurzun, Hornos y Geminiani (jueces de primera y segunda instancia que procesaron a Cristina y a otros implicados en el escándalo de sobornos) van a tener que explicar las barrabasadas que escribieron para cumplir con el poder de turno”.

En buen romance, si Cristina vuelve, esos jueces pueden tener claro su destino. Sin duda, una amenaza por todo lo alto a la independencia del poder judicial. O acaso ¿una señal de que los jueces se mueven con el poder de turno y por tanto carecen de independencia?

Afortunadamente la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional cuestionó duramente al exjefe de Gabinete de Cristina, rechazando “las expresiones vertidas (...) en tono descalificante y en forma amenazante.