Entre el fraude electoral que encumbró a Carlos Salinas de Gortari y el contundente triunfo de Andrés Manuel López Obrador transcurrieron tres décadas. En 1988, empujados por el nacimiento del CEU y la huelga en la UNAM, un puñado de jóvenes se refugió en el ITAM para estudiar Economía.

A diferencia de la generación anterior, no pasarían por las juventudes priistas para hacer carrera política. Algunos —Luis Miguel Albores, Luis Antonio Ramírez, Bernardo Vásquez Colmenares, Enrique de la Madrid— eran hijos de expresidentes o exgobernadores, por lo que tendrían pase automático a la función pública. Otros más provenían de familias que habían servido al gobierno federal, como mandos medios o superiores.

El Consejo de Alumnos del ITAM fue el lugar donde confluyeron. Vásquez Colmenares encabezó esa organización estudiantil en 1986, y a partir de allí, el grupo se expandió, con Virgilio Andrade en el epicentro de una especie de hermandad que aún perdura, no obstante de sus fracasos políticos.

Javier Beristain era el rector de la escuela de la familia Bailleres. Y Pedro Aspe Armella había dejado el departamento de Economía para fundar el Inegi, por petición de Miguel de la Madrid. Las aulas del ITAM habían visto pasar a Georgina Kessel, Agustín Carstens, Luis Téllez, Francisco Gil Díaz y Diódoro Carrasco, quienes entonces ya formaban parte del claustro de profesores, junto con Carlos de la Isla, Silvano Espíndola, Félix Vélez e Isaac Katz.

Justo hace 30 años, en la casa de José Antonio Meade, los jóvenes itamitas negociaron la alianza que unió sus destinos. Para conservar el control del Consejo de Alumnos se fusionarían dos planillas para postular a Jaime Gutiérrez Casas, quien enfrentó a Eugenio Madero y Alejandro Ríos Camarena.

La grilla universitaria conjuntó entonces a Andrade, Gutiérrez Casas, Abraham Zamora, José Antonio Meade, Francisco González, Luis Videgaray, Raúl Murrieta y José Yunes Zorrilla. Al año siguiente, los Pepes quisieron la presidencia del Consejo de Alumnos apoyados por otros compañeros de su generación, entre quienes destacaban Guillermo Solomon, Alejandro Poiré, Luis Miguel Montaño, Ernesto Cordero y Luis Videgaray.

Montaño y Cordero hicieron mancuerna en 1990, mientras que Videgaray y Murrieta alcanzaron la representación estudiantil un año después. Y en 1992, Andrés Conesa.

Del Consejo de Alumnos del ITAM a los posgrados, en el extranjero. Y después —ya en el sexenio de Vicente Fox— al servicio público. Una primera oportunidad de llegar a Los Pinos se presentó hace seis años, con Poiré, Cordero, Montaño y Gerónimo Gutiérrez como cartas fuertes, aunque una facción itamita encabezada por Luis Videgaray apoyó el movimiento priista que llevó al poder a Enrique Peña Nieto.

Otra vez, bajo el auspicio de Abraham Zamora y Virgilio Andrade, los itamitas se unificaron. Al departamento primero acuden a un brindis navideño con el compromiso de dejar a un lado cualquier diferencia, ya sea laboral o política.

El más reciente concilio itamita ocurrió el pasado martes 18, en la misma sede a la que acuden desde hace una década. Ya liberados de cualquier compromiso o fuero, la mayoría departió en una cena que tuvo como protagonistas a Meade y Videgaray, con la reaparición de Gerardo Cajiga y las ausencias de Raúl Murrieta, Manuel Paz...

De Luis Carlos Ugalde a Videgaray, entre esos itamitas —“tecnócratas neoporfiristas”, los llamó AMLO en campaña— hay más de media docena que ambicionó llegar a Los Pinos. ¿Anhelo imposible? ¿Generación frustrada?

Hace dos años comenzó la fullería para hacer que José Antonio Meade fuera candidato presidencial y encabezara el esfuerzo para detener a AMLO. En septiembre del 2016, las comunidades académica y estudiantil convivieron en 100 Itamitas Dijeron —una recreación ad hoc del popular programa de concurso de Televisa— para recaudar fondos para las becas de excelencia.

“Mencione a un personaje famoso del ITAM”, era una de las preguntas. La coordinadora académica de la licenciatura de Relaciones Internacionales, Isabel Flores Alcázar, propuso al entonces recién nombrado secretario de Hacienda, pero escuchó una chicharra como indicativo de que no fue seleccionado por los respondientes. Tampoco, el rector Arturo Fernández, ni la coordinadora de Economía, Magdalena Barba.

Entre los ocho mencionados, el más popular fue el académico Isaac Katz, quien superó a Colmillos —la mascota del rector—, Jovita, la dueña de la taquería más concurrida de las inmediaciones, Agustín Carstens, Patricia Medina —la extinta directora escolar—, y Denise Dresser. De los presidenciables, ninguno.

Transcurridos tres sexenios de la alternancia, la política neoliberal en el gobierno federal llegó a su fin, como decretó AMLO en su discurso de investidura. Ya pocos tecnócratas neoporfiristas quedan en las estructuras gubernamentales; la mayoría refugiados en el Inegi y el Banco de México, en espera de la austeridad republicana.

Derrotados en las urnas, las nuevas generaciones de itamitas se han alejado de las estructuras del poder y las causas partidistas, pero han encontrado espacios en los medios informativos. ¿Ejemplos? Juan E. Pardinas, catedrático de esa casa de estudios, quien en el arranque del 2019 tomará las riendas de Grupo Reforma; o los jóvenes Antonio Attolini y Fernanda Caso Prado, quienes se suman a la pléyade de comentócratas itamitas entre los que destacan Yuriria Sierra, Ana Paula Ordorica y Carlos Loret.

Meade, con un capital político importante, ha vuelto a hacerse notar con sus críticas a la cancelación del NAIM. La réplica de la 4T provino del secretario de Comunicaciones y Transportes. El debate, en cualquier caso, enriquece la salud de la República.

AlbertoAguirre

Periodista

Signos vitales

Periodista y columnista de El Economista, autor de Doña Perpetua: el poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo. Elba Esther Gordillo contra la SEP.