Toda vez que los sexenios de LEA y su sucesor JLP, terminaron en desastre, se teme que también la 4T concluya de esa manera. No es imposible.

Todos los observadores han caído en la cuenta de la insuficiente conciliación que se ha conseguido entre el presidente López Obrador y los empresarios. Ello a pesar de los esfuerzos de Alfonso Romo y otros actores importantes de la 4T. Por otro lado, muy pocos o ninguno de esos observadores ha logrado precisar las causas profundas de ese desencuentro.

Primeramente, aparece la memoria histórica. Aunque lo ha intentado, AMLO no ha podido ocultar su indudable parecido con la figura histórica de Echeverría. El rasgo más evidente de ese parecido es la inclinación de AMLO a la locuacidad, pero también hay semejanzas en los órdenes ideológico y político. Y toda vez que los sexenios de LEA y su sucesor JLP, terminaron en desastre, se teme que también la 4T concluya de esa manera. No es imposible.

Otro factor es un insuficiente respeto por la ley y por las organizaciones autónomas. No se olvida la frase de AMLO “al diablo las instituciones”. Y su oscura y turbia embestida en contra de entidades como la Suprema Corte de Justicia y el INE.

Como todos los agentes políticos de izquierda, AMLO padece de maniqueísmo: los del gobierno, es decir ellos, son absolutamente buenos y bien intencionados. En contrario, los del sector privado son egoístas, avorazados, acaparadores. La acusación es falsa, pero de ella deriva  su típico proestatismo que en el caso de la 4T se expresa de manera ilustrativa en la consigna de sacar del sector energético la participación del capital privado.

Y para completar está lo que podría llamarse la esencia ontológica de López Obrador. Al respecto, ya se escribió aquí que, desde su paso por la Facultad de Ciencias Políticas en la UNAM, su corazón ideológico y  sentimental se identifica con la motivación fundamental del populismo: todo mundo tiene derecho a todo. Lo suministrará el Estado providencial.

¿Cómo resolver el dilema? Sería una imposibilidad suponer que AMLO pudiera modificar los rasgos fundamentales de su persona. Lo que sería posible es que modificara algunos componentes fundamentales de su manera de hacer política, de su estilo personal de gobernar. Me conformaría con tres líneas de acción: a) no más ocurrencias de botepronto, a favor de una planificación profesional de proyectos y propuestas; b) asesoría técnica de expertos especializados, y c) renuncia al estatismo ramplón, a lo que Katz llama el nacionalismo revolucionario trasnochado.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico