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Opinión

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A cenar al Bakéa

La desigualdad existe desde tiempos remotos. Abundan ejemplos sobre la abismal distancia que hay entre nosotros, desde los tiempos prehispánicos.

Y sin más me lanzo a copiar ideas de otros. ¿Quién no lo ha hecho? ¿Quién las tiene inéditas? ¿Quién tira la primera piedra? Seguramente don Krauze, vanidad de vanidades, que se rasga la vestidura ante el nefando pecado de Peña Nieto y su tesis profesional.

La desigualdad existe desde el comienzo de la historia. Y también en la prehistoria: ¿acaso el primitivo con raederas y puntas de flecha no aventajaba al desprovisto de utensilios? Se habla de ella desde los tiempos más remotos. En el Quijote se contrapone a las letras divinas, cuyo fin es llevar a las almas a buen puerto, con las humanas, que es su fin poner en su punto la justicia distributiva . Chomsky cita a De Tocqueville: si hay desigualdad permanentemente, la democracia llega a su fin. En toda la crónica mexicana abundan ejemplos sobre la abismal distancia que hay entre nosotros, desde los tiempos prehispánicos. Yourcenar afirma que entre seguridad y libertad opta por la segunda y que le da horror la posesión, la adquisición, la avidez, el sentimiento de que el éxito consiste en acumular dinero. Dios me libre de sugerir que nuestros ricos y los muchos que no lo son tanto, entre los que me cuento, piensen de igual manera, pues se acabaría el espíritu emprendedor. Pero claman al cielo la inconsciencia, ignorancia, frivolidad y prepotencia de esa clase social. Mansiones y depas aquí y en Texas, Nueva York y París. Yates y veleros. Inversiones en refugios seguros. Coches de lujo y superlujo. Aviones a chorro con nombre cursi, como La Paloma. Adolescentes altaneros con guarura. Parva cena nouvelle cuisine en el Bakéa a 1,000 pesos por piocha y 20 de propina al acomodador del auto, si bien le va. Carreras, maestrías y doctorados más allá de las fronteras. Factores todos y signos del aceleramiento de la dinámica de desigualdad.

¿Otras políticas públicas? ¿Cambio de modelo económico? ¿Muerte al neoliberalismo que, por cierto, estuvo muerto por décadas? ¿Terceras, cuartas o quintas vías? Se han probado todas y nada, igual que siempre.

Creo más bien en que los ricachones meditemos para caer en la cuenta de que hay deuda con la sociedad que ignoramos, expoliamos y explotamos. Y de que le devolvamos lo bastante que se le debe en términos de reparar en los demás: crear empleos, mejorar salarios y dar oportunidades a los de abajo.

paveleyra@eleconomista.com.mx

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