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Los 7 pecados capitales, Gula

Luis Bartolini Esparza | Columna invitada
“De limpios y tragones están llenos los panteones” Refrán popular
Dos personajes importantes, dos épocas distintas pero una muerte parecida. El martes previo al miércoles de ceniza (Fettisdagen -Martes Gordo o de Grasa- último día para excederse en la comida antes de iniciar el ayuno de la Cuaresma) de 1771, el Rey Adolf Frederick de Suecia conocido por su buen apetito, degustó un espléndido banquete que según cuentan, incluía caviar, langosta, arenques ahumados, pato, venado, trufas, buen vino, y no podía faltar para cerrar, uno de sus postres favoritos; el semla (bollo sueco de Cuaresma relleno de pasta de almendras, abundante nata montada y cardamomo), de los cuales al parecer comió 14; muriendo después de varias horas de intenso dolor abdominal. El otro lamentable suceso, fue protagonizado por el afamado actor inglés Oliver Reed que en su último papel lo pudimos apreciar como el rico empresario que llevaba el espectáculo de los gladiadores a las diversas arenas del Imperio (en la película Gladiador), y que el 2 de mayo de 1999, faltando poco para concluir la filmación en la locación de Malta, aprovechó un descanso, fue a un pub cercano, fraternizó con los marinos que ahí se encontraban retándolos en varias rondas de vencidas, al tiempo en que aprovechó para beber, según la mayoría de las versiones, 8 cervezas alemanas, 12 shots de ron Jamaicano (algunos dicen que dobles) y media botella de whisky, desvaneciéndose repentinamente y falleciendo minutos después. El bar cambió el nombre a Ollie´s Last Pub, está decorado con memorabilia del actor y expuesto el ticket de consumo por USD$435 que quedó sin pagar, mientras que Ridley Scott terminó de rodar las escenas faltantes con efectos digitales ante la ausencia del histrión.
Históricamente hay cualquier cantidad de referencias icónicas como las denominadas dionisiacas griegas o bacanales romanas, en las que corrían en forma desmedida los alimentos y las bebidas. Desde el punto de vista médico y psicológico, estas conductas llevadas a un nivel patológico, forman parte de los Trastornos de Conducta Alimentaria y bajo la óptica católica, dependiendo de su nivel de intensidad e intencionalidad, pueden calificar como pecado venial o mortal, siendo interesante señalar que hace más de 1,400 años, el Papa San Gregorio Magno identificó 5 formas en que la gula tienta al ser humano: comer antes de tiempo, buscar manjares exquisitos, excederse en cantidad, comer con voracidad y con excesivo esmero en la preparación; huelga decir que como se ilustra al inicio de esta nota, se trata del deseo desordenado e insaciable de comida y también bebida. Sin embargo, sin soslayar que son conductas complejas y multicausales, motivadas por aspectos culturales, genéticos, sociales y psicológicos, entre otros, también es cierto que pueden verse reflejadas en múltiples impactos económicos.
La industria alimentaria y de bebidas es sin lugar a duda relevante para las diferentes economías, pero ciertamente dicho importante motor también puede ser un factor de riesgo para la salud pública y gran reto para el desarrollo e implementación de políticas públicas efectivas que sirvan para revertir los efectos colaterales negativos generados. Uno de los cuales puede verse claramente ilustrado con los porcentajes de la población que sufren de sobrepeso y obesidad, y sus efectos presupuestales. Adicionalmente, hace apenas unas semanas, el Departamento de Salud del Estado de Florida detectó en una investigación sobre dulces y golosinas, con una muestra de 46 productos que el 60% contenían arsénico. Dentro de los 28 productos que salieron positivos hay varios que personalmente me gustan, son muy representativos y desde hace años se venden en nuestro país como los 3 Musketeers, Snickers, Original Skittles, Nerds de varios sabores o el Kit Kat, entre otros; y la misma autoridad publicó una tabla en la que establece la cantidad anual recomendable para consumo seguro (en virtud de que se trata de micro contenidos de la substancia tóxica) en donde por ejemplo, se recomienda que los niños consuman máximo 2 ½ Snickers de 9 gr (es la presentación mini) al año y los adultos, máximo 6 piezas del mismo tamaño anualmente. Y aquí comienzan las preguntas, ¿cuántos de nosotros conocemos a alguien que consuma más de esas cantidades?, porque según la información publicada el consumo en exceso (3 o más mini chocolates al año para los niños y 7 o más para los adultos) puede incrementar riesgos de cáncer y otras enfermedades. Finalmente, se trata de hallazgos encontrados en una muy pequeña muestra, con desafortunado efecto mercadológico para las empresas aludidas, pero que distan mucho de comprender el universo total de productos de esa naturaleza que se ofrecen en USA, y las otras causales de toxicidad que frecuentemente detonan alertas sanitarias, como las que desde 2001 se han publicado en California, específicamente por contaminación por plomo en conocidas golosinas (en su mayoría de tamarindo, ciruela seca salada y picositas) manufacturadas en México, China e India.
El contenido y calidad de los productos es por supuesto esencial, pero la cantidad en el consumo es lo que termina definiendo las consecuencias más relevantes, porque no es lo mismo disfrutar de un refresco individual de cola bien frío en un caluroso sábado que incluir como parte de la dieta diaria 1.5, 2 lts. o más, de este líquido, aunado al consumo ordinario de pastelillos, frituras y otros productos ultraprocesados con bajo valor nutritivo y fuertes efectos negativos para la salud. Sin entrar en el complejo detalle técnico para la elaboración de los estudios, referiré algunos resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2020-2023 (ENSANUT Continua) del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) para población adulta, escolar y adolescente en México. Comenzando por los adultos (20 años o más), el 39.9% de los hombres presentan sobrepeso y el 33% algún grado de obesidad, mientras que en el caso de las mujeres 35% tienen sobrepeso y 41% obesidad, reflejando los mayores índices de obesidad la población de entre 40 y 59 años, nivel socioeconómico medio, escolaridad primaria-secundaria, casados o en unión libre y de localidades urbanas. Por lo que respecta a los menores de 12 años, el 19% presentan sobrepeso (36% hombres y 32.5% mujeres) y el 17.5% padecen obesidad (40.1% hombres y 37% mujeres) mayoritariamente de zonas urbanas e incrementándose substancialmente cuando el padre y/o la madre también padecen de sobrepeso u obesidad. En el segmento de 12 a 19 años, los porcentajes se incrementan notoriamente (Hombres 38.2% sobrepeso y 42.4% obesidad; mujeres 38.4% sobrepeso y 42.7% obesidad) con tendencias similares en las demás variables. Una de las tasas de obesidad infantil más alta del mundo.
Estos desordenes alimenticios, propician la aparición de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, hipertensión arterial, hígado graso y enfermedad cardiovascular, entre otras, que finalmente generan importantes costos presupuestales para los países. En una publicación de marzo de 2023, el INSP estimó para ese año un costo asociado de aproximadamente $80 mil millones de pesos, al que habría que sumarle los indirectos a causa de ausentismo e improductividad. La numeralia e información disponible nacional e internacionalmente, es amplia y da materia para hacer profundos análisis considerando segmentos poblacionales, rubros de alimentos y bebidas (ultra procesados, comida rápida, bebidas energéticas, gaseosas o alcohólicas, etc.), y por supuesto la multicausalidad que da origen a tales conductas en países desarrollados y subdesarrollados o del hemisferio norte y del sur.
Paracelso decía que “Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis”. El agua es buena, no consumir agua puede llevar a la muerte por deshidratación; beber más de 5 o 6 litros de agua al día (sin una justificación física que lo amerite v.gr. un atleta) puede propiciar una intoxicación hídrica que, en su extremo, también puede llevar a la muerte; entonces el agua es mala. En época de Cuaresma, es oportuno recordar que, ante el pecado de la gula, la virtud que corresponde es la templanza, que permite moderar la atracción por los placeres y procura el equilibrio; útil directriz milenaria para la salud personal y la pública.
X: @LBartoliniE

