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Opinión

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50 chimeneas del CFE para el pastel del Earth Day

Pablo Zárate

Puede ser difícil imaginar, dice textual un micrositio de la Environmental Protection Agency de Estados Unidos, que antes de 1970 una fábrica podía escupir nubes negras de humo tóxico al aire o tirar toneladas de desechos tóxicos a algún arroyo —y que eso era perfectamente legal. Es todavía más difícil aceptar que 50 años después, en México, una serie de chimeneas de plantas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) emitan estelas verdosas de óxidos de nitrógeno y bióxido de azufre con total impunidad. El uso de combustóleo de alto azufre ya no es aceptable ni en alta mar, a miles de millas náuticas de cualquier poblado. Esto está prohibido. Pero, sólo porque Petróleos Mexicanos (Pemex) no quiso adaptar sus procesos de refinación y aún lo produce, las autoridades energéticas mexicanas creen que es aceptable que la CFE lo queme en Tula o La Paz en plena contingencia.

Sería de risa si la Semarnat en México dijera lo que la EPA en Estados Unidos. A pesar de que el cuidado ambiental en México también ha progresado de forma significativa desde que 20 millones de personas se manifestaron en el primer Earth Day hace 50 años, las disparidades son notorias. Por una parte, con menores recursos y capacidad estructural, acá muchas veces no queda más que tropicalizar la regulación de Estados Unidos y otros países. En la aplicación y cumplimiento de la regulación también hay deficiencias notorias y casos vergonzosos como el del río Sonora, los manglares de Tajamar y Dos Bocas. Si no fuera por la lucha de activistas y ambientalistas serios, la impunidad habría sido aún peor.

Por la otra, hay abusos notorios. A pesar de los menores recursos destinados a la investigación y la profundización en el entendimiento de riesgos específicos, la Semarnat en México pretende prohibir lo que la EPA cree que solamente debe regular estrictamente. Acá se ha planteado prohibir desde prácticas completas, como el fracking, hasta el desarrollo de plantas específicas con tecnologías de cuidado ambiental que son iguales o mejores que las de plantas que han operado por décadas en Estados Unidos o Europa. Algunas autoridades ambientales han generado clientelas que viven del chantaje a las empresas.

Todo esto se tiene que corregir. Pero la peor desviación de las autoridades ambientales federales no viene de excesos u omisiones con muchas empresas del sector privado. Viene de cultivar una relación perversa y sumisa con Pemex y la CFE. Sólo porque los liderazgos políticos en la Secretaría de Energía, Pemex y CFE así lo prefieren, en México el primer círculo del gobierno federal ya no habla en serio de cambio climático. Es más, busca limitar, lastimar y vilificar a las energías renovables. Cuando el combustóleo de Pemex y la generación de CFE están involucradas, ya ni siquiera se considera la calidad del aire ni la salud de las personas. A pesar de los esfuerzos de muchos funcionarios dedicados y estudiados, sus valiosas agendas de cuidado ambiental casi nunca llegan hasta arriba.

El decir y el actuar del gobierno federal apunta, inexplicablemente, a que lo correcto y lo deseable es refinar petróleo para producir gasolinas de calidad, regular y quemar tanto carbón como combustóleo altamente contaminante para generar electricidad. Para la sobremesa del pastelito de celebración de la 50 edición del Earth Day, en el 2020, éstas son las realidades que las autoridades energéticas y ambientales quieren forzar a aceptar a los mexicanos.

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