14 de diciembre de 1979. La edición de aquel día de The New York Times incluía un anuncio de página completa para promover la presentación de The Wall que Pink Floyd daría unos meses después en el Coliseo de Nassau (una de las cinco ciudades donde se presentó el show en ese momento), con una reseña del disco en la sección de música. “Another Brick in the Wall” lideraba las listas británicas esa semana, mientra que en Estados Unidos “Babe” de Styx dominaba en el Billboard. Uno podía encontrar anuncios para las películas 1941 de Steven Spielberg y The Jerk con Steve Martin; un anuncio a doble plana de Star Trek: The Movie; noticias sobre alzas en los precios del petróleo realizados por cuatro miembros de la OPEP y también podía enterarse sobre el estado de salud del exiliado Shah de Irán.

Los discos más vendidos en el Reino Unido eran los Grandes Éxitos de Rod Stewart, ABBA Greatest Hits (volumen 2), The Wall, Regatta de Blanc de The Police, una compilación de Elvis titulada memorablemente Love Songs y 20 Golden Greats de Diana Ross. Del otro lado del charco, los discos más vendidos en el Billboard eran The Long Run de los Eagles, los grandes éxitos de Donna Summer, Cornerstone de Styx, Journey to the Secret Lives of Plants de Stevie Wonder, Bee Gees Greatest e In Through the Out Door de Led Zeppelin. En ese contexto llegó al mundo el tercer álbum de The Clash. Ese mismo viernes de diciembre de 1979, Joe Strummer, Mick Jones, Paul Simonon y Nicky “Topper” Headon, lanzaron en el Reino Unido, London Calling.

La fotógrafa Pennie Smith había acompañado a la banda por su primera gira estadounidense donde la banda hizo una parada tres meses antes. El 21 de septiembre, durante el segundo show que dieron en el Palladium de Nueva York, Smith estaba a unos cuantos metros de Paul Simonon cuando capturó con su cámara Pentax de 35mm, el momento exacto en que con una furia desmesurada, el bajista destruyó su bajo Fender Precision color crema con una calaca pirata, una intervención al estilo Jackson Pollock y la palabra “Pressure”. Esa imagen acompañó la tipografía rosa y verde en el mismo estilo que el álbum debut de Elvis Presley que quedó inmortalizada en la portada de London Calling. En un acto punk, The Clash le exigió a la disquera que el disco doble fuera vendido a precio unitario, una táctica que repetirían el año siguiente con el álbum triple Sandinista!.

Hoy ese bajo es considerado una reliquia del punk y se encuentra en una sala en el Museo de Londres en una exhibición que celebra cuatro décadas de aquel mítico momento. Para acompañar esta celebración The Clash lanzó una reedición del álbum en tres formatos (CD, vinilo y casete) y un libro lleno de memorabilia con fragmentos de historia de una de las bandas más influyentes de las últimas décadas. Desde la muerte de Joe Strummer en 2002, a causa de una falla congénita en el corazón, el legado de la banda se ha mantenido presente en el imaginario colectivo musical en muchas formas. Este año, la BBC en asociación con Spotify realizó el podcast Stay Free: The Story of The Clash, narrado por Chuck D de Public Enemy.

London Calling sigue estando entre las listas de los discos más importantes de los setenta, del punk y sigue siendo una puerta de entrada para descubrir nuevos mundos musicales. Joe Strummer siempre tuvo la creencia de que la música era el lenguaje universal que podía unir al mundo. Este recorrido es un viaje musical por el mundo visto desde el imaginario de Strummer, Jones, Simonon y Headon. El boleto incluye una parada con el forajido de Jimmy Jazz (un primo lejano del Ivanhoe de The Harder They Come); las bombas españolas de la Guerra Civil de Lorca; las pistolas de Brixton; los fascistas de “Clampdown” y los pasajeros del último tren a Skaville. Todos eran bienvenidos en este tren.

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Antonio Becerril

Coordinador de operaciones de El Economista en línea