Lectura 4:00 min
2026, un año en el que acrecientan los desafíos para la economía mexicana

Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico
Ya se cumplió un año desde que se anunció el Plan México, con el que la presidenta Claudia Sheinbaum ofreció como meta que, en el 2030, la economía mexicana será la número 10 en el mundo, tomando el valor del PIB como criterio de orden. Para empezar, el día que se hizo la presentación, el 13 de enero, la titular del Ejecutivo señaló que la economía mexicana había pasado de ser la número 15 en 2018 a ser la número 12 en 2024. A manera de actualización hay que informarle a la presidenta que a un año de anunciado el Plan México, lejos de avanzar, retrocedimos y ahora ocupamos el lugar número 13, después de España.
Una meta central de este plan tiene que ver con el indicador que nos señala qué tanto se invierte en el país con relación al valor del PIB o, dicho de otra forma, con relación al tamaño de la economía. Al dar a conocer el Plan México, se estableció como meta que la inversión, pública y privada, represente el 25 por ciento del PIB a partir de este 2026 y que, en el 2030, el último año de gobierno de la presidenta Sheinbaum, se ubique ya en 28 por ciento. Sin embargo, sabemos que, al cierre del tercer trimestre de 2025, apenas si se logró que se ubicara en 22 por ciento. Así que para este 2026 se antoja difícil que se logre la meta del 25 por ciento, para empezar.
Lo anterior sirve de contexto para ilustrar que el panorama de la economía mexicana, si bien es mas halagüeño para 2026 que el virtual estancamiento de 2025, será notoriamente insuficiente para lograr las metas que ha prometido el segundo gobierno de la 4T. Con los datos observados en los últimos tres meses del año pasado, el consenso de los analistas es que la economía mexicana habría crecido en 2025 a una muy mediocre tasa de 0.4 por ciento, o sea, casi nada.
Por cierto, aún recuerdo cuando la presidenta destacó durante su discurso con motivo del primer informe de gobierno que “aun en medio de circunstancias difíciles, nuestra economía muestra fortaleza: Un crecimiento anual estimado de 1.2 por ciento, frente a las expectativas catastróficas que habían dado a conocer organismos financieros internacionales que decían que iba a caer el PIB este año”. Es verdad, el PIB no cayó, pero ni de milagro se logró la tasa de crecimiento anual que la presidenta presumía en aquellos días de septiembre y que los innumerables voceros de la 4T presumían en las redes sociales.
No hay que pasar por alto que, en este contexto de bajo crecimiento, mientras que los ingresos del sector público sí han podido crecer, lo han hecho a un menor ritmo que el gasto público, comprometido ya de manera señalada en el rubro de los programas sociales, por un lado, pero mucho más comprometido aún en los rubros de pensiones y jubilaciones y el costo financiero, es decir, lo que cuesta el servicio de la deuda del sector público.
Así, mientras la economía crece poco, y el gasto público tiene que crecer a un mayor ritmo, por los compromisos ineludibles, se cierra el espacio para que el gobierno pueda destinar montos crecientes a inversión pública, tan necesaria para poder impulsar el crecimiento de la economía. Para darnos una idea, al cierre de noviembre de 2025, el gasto neto en pensiones y jubilaciones, sumado al gasto neto relativo al costo financiero, representó ya en el período enero-noviembre 31.5 por ciento del gasto neto total. En el mismo lapso de 2018, esos dos rubros representaban el 24.2 por ciento del gasto neto total.
Lo anterior significa que, frente al inestable panorama internacional y la elevada incertidumbre que se percibe en México a raíz de la reforma al Poder Judicial, y con ello el contexto de bajo crecimiento del PIB de México, se anticipa que el gobierno federal enfrentará escenarios cada vez más complicados para poder sostener los programas sociales, a menos que elija incrementar de manera sostenida el nivel de endeudamiento. Así que irremediablemente nos acercaremos al momento en el que el gobierno tenga que reconocer que sí incrementó los apoyos, pero que en el largo plazo puso en riesgo el crecimiento sostenido de la economía.
*El autor es economista.

