En lo que podríamos llamar como una elección histórica, y tras una campaña larga, desaseada, plagada de descalificaciones y de propuestas sumamente controversiales que generan incertidumbre dentro y fuera de Estados Unidos, y contra todo pronóstico, el triunfo de Trump a la Presidencia del país más poderoso del planeta sin duda cambia las reglas del juego

Y es que tras una larga jornada electoral en la que las casas encuestadoras daban a Clinton un cómodo margen para ganar la Presidencia, previo a la elección, el candidato republicano logró lo que nadie pensaba: arrasar en estados con alto peso en número de votos electorales, como Pensilvania, Florida y Michigan, por mencionar algunos, para poco antes de las 2 de la mañana ser declarado presidente electo de Estados Unidos y llevarse el carro completo al quedar el Congreso, tanto en el Senado como en la Cámara de representantes, con mayoría republicana.

Las elecciones de Estados Unidos reflejan exactamente lo mismo que sucedió con el Brexit: la gente busca un cambio. Votaron contra el establishment donde se considera que la globalización ha traído mayor desigualdad económica y ha incrementado la brecha entre ricos y pobres generando grandes movilizaciones de personas en busca de oportunidades y de un mejor futuro para sus familias.

Trump no ganó entre un electorado urbano y con alto nivel académico. Lo hizo entre una población rural de raza blanca, edad mayor y sin altos niveles de escolaridad que han establecido tres prioridades básicas a ser atendidas por el presidente electo: ley y orden, migración y salarios.

En ese sentido, Trump ha establecido que revisará los tratados comerciales que tiene la Unión Americana con diversos países, entre los que se encuentra el TLC, en el que ha hecho especial énfasis sobre los empleos que México le ha quitado a su país.

Ha abordado el tema de la migración donde señaló que impondrá restricciones de acceso a personas de ciertos países, aun cuando lo hagan por las vías legales, mientras que a lo largo de su campaña también se habló de hacer una fuerza de tarea para expulsar a todos aquellos migrantes que vivan en territorio norteamericano con estatus ilegal.

Con el objeto de hacer crecer a su economía y generar empleos, Trump ha dicho que hará recortes drásticos a los impuestos que se cobran a las empresas, lo que podría generar un déficit fiscal mayor y niveles de endeudamiento sin precedentes, esto que provocaría fuertes presiones inflacionarias y obligaría a la Fed a actuar en consecuencia, acelerando el ritmo de incremento de su tasa de referencia a fin de controlarla.

Falta ver quiénes serán los integrantes de su gabinete, para determinar cómo las propuestas de campaña se convertirán en políticas públicas.

Por lo pronto, los mercados han dado su opinión. Los precios de las materias primas se desplomaron a lo largo de la semana, donde el maíz cayó 2.28%, mientras que el oro cayó 6.07%, a pesar de que la reacción inicial el día de las elecciones fue al alza.

En el caso del petróleo, nada más el viernes el WTI se desplomo 2.8%, mientras que el Brent perdió 2.38%, quedando ambos por debajo de 45 dólares por barril.

En nuestro país, el peso cerró el viernes en el nivel más bajo de su historia, al ubicarse en 20.9 pesos por dólar, tras depreciarse 12% en los últimos tres días y acumular un retroceso de 17.8% en lo que va del año, mientras que el IPC perdió 3.7% semanal.

Queda claro que el triunfo de Trump cambiará el enfoque que existe sobre la globalización, la forma de hacer negocios entre los países y las empresas y por ende el comportamiento de los mercados.

Ante los riesgos que enfrenta nuestro país, hoy más que nunca, los mexicanos debemos estar unidos y trabajar por el bien común.

Para la volatilidad de los mercados, están las coberturas de precios.

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