Durante el mes de enero, y lo poco que va de febrero, al menos 14 bancos centrales en el mundo han decidido reducir los niveles de sus tasas de interés de referencia. Entre ellos destacan por lo sorpresivo de las medidas Suiza, Turquía, Australia y Rusia; por la magnitud de las decisiones adoptadas, Dinamarca

La proliferación de medidas de relajación responde en la mayoría de los casos a la necesidad de estos países de proteger su estructura de crecimiento ante la amenaza que representa la revaluación continua del dólar contra otras monedas desarrolladas y la pérdida de términos de intercambio que éstas generan. Por lo mismo, la permanencia de dichas posturas depende de cómo se reacomoden las fichas en el juego de la reactivación mundial.

Por ahora, la comprensión general indica que en Estados Unidos es posible un mayor crecimiento y que casi todo el resto del mundo no. Esta divergencia ha dado lugar a la expectativa, cada vez más débil, de que la Reserva Federal (Fed) instrumente un aumento en sus tasas de interés de referencia como medida preventiva ante una situación de mayor aceleración del crecimiento en el futuro y por consecuencia, de la existencia futura de presiones inflacionarias.

El hecho de que en Europa, Japón y China la perspectiva sea otra (de extrema debilidad en el caso de la primera) y que los bancos centrales ya hayan establecido sobre la mesa medidas más intensas de inyección de liquidez y de tasas de interés a la baja, ha provocado una fuerte revaluación del dólar.

La idea de un dólar más revaluado o de monedas como el yuan, el yen o el euro devaluándose no es agradable para países que dependen del comercio con las regiones desarrolladas. En especial, aquellos que venden materias primas o que son susceptibles de recibir muchos recursos de inversión de cartera.

Estamos en un nuevo episodio de la famosa guerra de divisas que pudo haberse iniciado hace seis años con las medidas extremas que adoptó la Fed, que tuvo un capítulo adicional cuando el Banco Central Europeo (BCE) tardó en reaccionar con medidas similares, y que durante el 2014 tuvo su epicentro en las famosas medidas contenidas en la política de Abe-nomics de Japón.

Lo que hay que pensar con detenimiento es que la guerra de divisas es un juego de suma cero. Es decir, para que una moneda se devalúe y los términos de intercambio mejoren en dicho país debe haber otra moneda que se revalúe y en donde las ventajas comerciales se debiliten.

Hasta ahora, el dólar ha sido el receptor de todas las mecánicas de devaluación, instrumentadas o no, que han existido en muchos, yo diría demasiados, países. Tal vez los procesos de recomposición de la economía norteamericana y la postura muy particular de la Fed sostengan tal estructura a lo largo de este año y en meses subsecuentes, pero cuesta trabajo pensar que se trate de una situación que se arraigará por mucho tiempo. Basta ver los resultados del PIB norteamericano en el cuarto trimestre del 2014 para advertir que hay un daño en la balanza comercial americana provocado por este movimiento.

Si las medidas de relajación en Europa, China y Japón se encuentran con una estructura de mayor ingreso (por la baja de costos de energía) y vemos una reactivación de estas economías, forzosamente observaremos una reversión de la devaluación tan pronunciada que ha existido en muchos países.

Como ha sido hasta ahora, tal reversión no sería pareja; dependerá de la situación de crecimiento y la necesidad de recursos para financiarse de cada país. Lo que nos parece relevante es que hay que tener cuidado con pensar que los eventos particulares de enero puedan extrapolarse todo el año. Podría no ser el caso.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de Invex. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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