Sao Paulo.- Influenciada por la incertidumbre económica que vive Brasil y por el alza del dólar, la moneda brasileña cerró este jueves en su menor nivel frente al billete verde desde abril de 2005.

El real –la moneda brasileña- cerró este jueves cotizando a 2.64 por dólar, lo que supone una caída del 1.37% respecto a la víspera, y acumula una depreciación en torno al 10% en tres meses.

El dato es significativo porque responde a la incertidumbre que se vive en Brasil acerca del futuro de la economía, que este año finalizará con un crecimiento prácticamente plano y para el 2015 los datos oficiales indican que apenas avanzará 0.8 por ciento.

A la incertidumbre a nivel local se suman factores externos como la mejora de los indicadores económicos en Estados Unidos, y el hundimiento continuado del precio del petróleo, lo que empuja a los inversores a optar por el valor refugio que supone el billete verde.

Ante esta situación, expertos y los propios funcionarios del Banco Central de Brasil cuestionan si deben seguir con la política emprendida en agosto de 2013 y que supone utilizar parte de las enormes reservas de divisas de Brasil –en torno a 376,000 millones de dólares- para inyectar diariamente dólares en el mercado, con el objetivo de frenar la depreciación del real.

Este tipo de operaciones se denomina swap cambiario y, desde que comenzó, superó la cifra de 100,000 millones de dólares en su volumen acumulado.

De esta forma, las autoridades tratan de contener la depreciación lenta pero progresiva del real, que en julio de 2011 llegó a estar a 1.55 respecto al dólar, despertando una auténtica fiebre consumista de turistas brasileños en el exterior, pero dañando la competitividad internacional de los productos industriales made in Brazil.

Esta forma de actuar, que otros países con grandes reservas de divisas como China también llevan a cabo -pero esta vez para devaluar su moneda y hacer sus exportaciones más competitivas- es defendida por el gobierno de la reelecta Dilma Rousseff, con el argumento de que sirve para contener la inflación, que se sitúa en los límites del objetivo anual: 6.5 por ciento.

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