En contraste, las tasas de los Bonos del Tesoro de los EU a 10 y 30 años han presentado interesantes descensos (de hasta 10 puntos base, tan sólo el vienes 11 de diciembre) para situarse en 2.13 y 2.88%, respectivamente. Este comportamiento ha reflejado el papel de los Treasuries como depósito de valor en momentos de alta incertidumbre en los mercados y también explica el fortalecimiento del dólar.

El significativo incremento en las tasas locales abre la posibilidad de algún descenso moderado, en caso de que se materialice el movimiento de la Fed. Dicho descenso está condicionado a que el comunicado que acompañará y explicará la medida, indique la intención de que el proceso de normalización de la política monetaria en los EU será gradual, con incrementos de baja magnitud distribuidos en un periodo de tiempo amplio. Esta posibilidad ha sido sugerida, de manera reiterada, por la presidente de la Fed, Janet Yellen.

Por su parte, la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) tendrá su reunión de política monetaria el 17 de diciembre, con la muy clara expectativa de aumentar su propia tasa de referencia en la misma proporción que la Fed, con el fin de evitar mayores presiones alcistas sobre un tipo de cambio peso-dólar fuertemente castigado. Si bien el pasado 11 de diciembre la paridad en el mercado interbancario alcanzó su máximo histórico en 17.51 pesos por dólar para situar arriba de 18% la depreciación acumulada en el 2015, un incremento de la tasa de Banxico proporcionalmente mayor al de la tasa de la Fed, con el fin de ayudar a estabilizar el mercado cambiario, parece poco probable por dos razones:

1. La inflación en México se encuentra en su tasa mínima histórica, sin acusar una transferencia a precios finales de la depreciación acumulada por el peso en el 2015.

2. Buena parte de la presión sobre el tipo de cambio responde a la caída en los precios internacionales del petróleo con independencia de la política monetaria de México.

En el mercado de bonos a tasa real, la tasa de rendimiento del Udibono a 10 años cerró las operaciones del viernes 11 de diciembre en 3.46% (para un incremento semanal de +17 pbs). Se trata de la tasa de rendimiento más alta para este instrumento en casi cinco años. En este sentido, cabe destacar que dicha tasa adoptó una clara tendencia alcista desde octubre, ocasionada por los siguientes factores:

1. La curva real de rendimientos tiende a moverse de forma paralela con la curva nominal. En otras palabras, las tasas de rendimiento real de los Udibonos tienden a moverse en la misma dirección que las tasas nominales de los bonos M. Con base en esta regularidad empírica, puede afirmarse que las alzas en las tasas nominales han contaminado también a las tasas reales.

2. El importante y sostenido descenso en la tasa de inflación ha ocasionado una baja significativa en la tasa nominal implícita en los Udibonos. Es decir, la tasa nominal implícita, que resulta de sumar la tasa real del instrumento y la inflación observada ésta última determina el crecimiento del valor de la Udi , ha descendido de manera significativa por la baja inflación.

Si bien puede darse algún descenso en las tasas locales tras el movimiento de la Fed, éste se antoja moderado, ya que de cara al 2016 se tendrá un entorno de tasas de interés al alza, originado por la regularización de la política monetaria en los EU. Así, en el futuro pueden darse nuevas alzas en las tasas de bonos M, con un impacto similar en las tasas de los Udibonos. Además, la baja inflación constituye una presión adicional sobre las tasas reales, ya que con el fin de mantener la rentabilidad en pesos de sus carteras integradas por bonos a tasa real, los inversionistas institucionales, especialmente las afores, se verían emplazados a solicitar una mayor tasa real en sus inversiones.

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