Antes de la gran crisis del 2008, el episodio más similar fue la crisis que experimentó Japón a principios de los años noventa. Después de una década de fuerte auge, en donde se auguraba el nuevo poderío del sol naciente, el estallido de la burbuja inmobiliaria generó los efectos que ya están siendo lugares comunes: quiebra bancaria, deflación, recesión prolongada, etcetéra.

Desde entonces la economía japonesa no levanta. Durante mucho tiempo logró subsistir gracias a sus enormes exportaciones de manufacturas, pero los japoneses se convirtieron en una población ahorradora y frugal.

La dinámica de su economía consistía en grandes empresas exportadoras, subsidiadas en algunos casos por el gobierno, pero dependientes de la demanda de otros, ya que sus propios habitantes consumen relativamente poco.

Este superávit comercial le permitió a Japón acumular importantes reservas internacionales y revaluar de manera casi continua al yen durante los últimos 20 años.

Por su lado, las dificultades para reactivar su economía interna y erradicar el fantasma de la deflación generaron toda clase de adjetivos a las autoridades monetarias niponas por su lenta y demasiado prudente política de estímulo.

El banco tardó mucho en hacer recompras de deuda y ha incrementado su balance (dinero emitidodinero) de manera muy prudente. De igual modo, la baja de tasas nominales fue lenta y tuvo pocos efectos en episodios en donde la inflación tendía a cero o era negativa.

Al inicio de la crisis de hace tres años se especuló mucho con las consecuencias de que, en especial, Estados Unidos entrara en una situación parecida a la japonesa. Las mismas autoridades se encargaron de hacer ver a los agentes que tal aseveración era poco probable y actuaron con mucha agresividad.

En un caso sorpresivo e insólito, el pasado 14 de febrero hemos visto al Banco Central de Japón (BOJ, por su sigla en inglés) efectuar un viraje interesante. Al parecer han decidido ir en el mismo sentido que los demás bancos centrales.

Por una parte, estableció una definición más firme sobre un objetivo numérico de inflación, no sólo el entendimiento de estabilidad de precios según la percepción de los miembros del BOJ. Ello con la idea de buscar generar inflación a través de una reactivación más agresiva de su economía.

Por otra parte, decidieron aumentar el monto de recompra de bonos de largo plazo del gobierno hasta por un total equivalente a 130,000 millones de dólares, lo cual implica triplicar el monto mensual de recompras y aumentar sustancialmente las facilidades de crédito en la economía.

La acción no es fortuita, el desastre que implicó el terremoto hace casi un año se acentuó con la escasa dinámica de la demanda en otras regiones como Europa, Estados Unidos y China.

Por primera vez en muchos años Japón ha comenzado a registrar un déficit comercial. Este problema recae en un entorno de extrema debilidad marcado por una población que envejece y, sobre todo, por un yen extremadamente fuerte que merma las ganancias provenientes de las exportaciones.

En los últimos 10 días el yen se devaluó de manera veloz; asimismo y en sintonía con la respuesta de los mercados a la flexibilidad monetaria, la Bolsa de Japón tuvo un repunte muy llamativo.

¿Será el final de la era del yen fuerte? Japón parece sumarse a la lista de países en donde los bancos centrales tienen que actuar con agresividad para estimular la actividad económica. Esto habla de un mundo en donde las distorsiones convergen. También describe un mundo en donde los efectos secundarios de estas políticas podrían ser muy peligrosos.

*Rodolfo Campuzano Meza es Director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: [email protected] Twitter: @invexbanco.