En los últimos años ha crecido considerablemente la disciplina de economía del comportamiento y, dentro de ella, un segmento especialmente dedicado a las finanzas e inversiones, el cual recibe el nombre de finanzas del comportamiento. A continuación, analizamos algunas herramientas importantes de esta disciplina para los inversionistas que pretendan mejorar su capacidad de toma de decisiones en los mercados.

Los modelos tradicionales de economía clásica y neoclásica plantean que los agentes económicos son inherentemente racionales y que no cometen errores sistemáticos en la toma de decisiones. En cuanto a los mercados financieros, la Hipótesis de Mercados Eficientes es una teoría que establece que los precios de los activos financieros incorporan eficientemente toda la información relevante, y que los movimientos futuros de precios son puramente aleatorios, es decir, al azar.

Las finanzas del comportamiento, en cambio, plantean que los seres humanos estamos sujetos a una amplia gama de condicionamientos psicológicos y emocionales. Por lo tanto, somos capaces de cometer grandes errores en forma sistemática debido a que las decisiones de compra-venta no se toman exclusivamente en forma fría, calculada y cerebral.

Si bien se trata de posturas que parecen contrapuestas, es importante tener en cuenta que no necesariamente un punto de vista implica la negación del otro. Muchos consideran que las decisiones de mercado tienden a tomarse desde una perspectiva principalmente racional en un contexto de normalidad, aunque pueden existir grandes desviaciones en períodos de especial incertidumbre y volatilidad.

Por ejemplo, a lo largo de la historia de los mercados financieros se han observado repetidamente movimientos bursátiles exagerados e irracionales. Esto es válido tanto al alza en contextos de burbujas como a la baja cuando se produce un crash de precios.

En estos casos, las finanzas del comportamiento proveen un punto de vista que a todas luces parece el más indicado para comprender el comportamiento de los inversionistas, ya que resultaría difícil explicar estos eventos desde un punto de vista de un comportamiento puramente lógico y racional.

La teoría del comportamiento de manada, por ejemplo, es un postulado que plantea que los inversionistas tienden a sentirse más cómodos cuando actúan en grupo, lo cual los lleva a replicar mutuamente sus decisiones de compra o venta.

Cuando un activo o clase de activos se mueve al alza inicialmente, esto tiende a atraer la atención del mercado en forma positiva. En la medida en que el análisis racional va quedando de lado en base a factores emocionales y psicológicos, los precios pueden continuar subiendo más allá de lo que sería esperable desde el punto de vista de los fundamentals del activo.

Todos compran porque el precio sube, y el precio sube porque todos compran. Así las cosas, resulta sencillo que se pierda la perspectiva racional sobre el activo en cuestión. Procesos como la burbuja de acciones tecnológicas o la de las hipotecas subprime claramente deben explicarse desde un análisis que incorpore herramientas de las finanzas del comportamiento.

En contextos de crash de mercado, las emociones que afectan a los inversionistas suelen ser incluso más intensas, lo cual implica que la toma de decisiones racionales resulta especialmente difícil en estas situaciones. Si bien se ha demostrado históricamente que los colapsos de precios suelen ser grandes oportunidades de compra, son pocos los inversionistas con la fortaleza y claridad mental necesarias para sacar provecho de estas circunstancias.

Un tema central en cuestiones de finanzas del comportamiento es analizar la relación que existe entre los argumentos que justifican un determinado movimiento de precios y dicho movimiento en sí mismo.

Es de suponer que en un mercado racional los argumentos anteceden a las oscilaciones de precios. Es decir, los analistas e inversionistas determinan que un determinado activo o el mercado en general deberían moverse al alza por determinados motivos, y esto se ve reflejado paulatinamente en las subas de precios.

Sin embargo, muchas veces la relación se da en sentido inverso. Los movimientos de precios primero se producen y luego son explicados y justificados desde el punto de vista analítico. Esta distorsión puede ser altamente peligrosa, acelerando los movimientos de precios y generando excesos de optimismo o pesimismo que resulten perjudiciales para la toma de decisiones rentables de inversión.

Existe una amplia variedad de sesgos cognitivos que son objeto de estudio en el campo de las finanzas del comportamiento. Si bien resulta imposible desde el punto de vista práctico estar ajeno completamente a este tipo de consideraciones, el inversionistas tiene mucho por ganar en la medida en que esté dispuesto tener una mirada crítica sobre el comportamiento de los mercados.

Especialmente cuando los movimientos de precios son muy abruptos en un sentido u otro, o cuando la opinión mayoritaria está demasiado inclinada en un sentido puntual, puede ser conveniente tomar algo de distancia y tratar de analizar el contexto desde un punto de vista lo más independiente y objetivo posible.

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