Al comienzo de la década de 1990, los países de la eurozona ya contaban con grandes deudas públicas en relación con su PIB. En 1999, año de la creación del euro, Irlanda tenía una deuda de 49.2%; Italia, de 124.5%, y Portugal de 58.8 por ciento.

En contraste, el crecimiento económico de Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España (PIIGS) fue de 3.1% en promedio. Después de la creación de la unión monetaria, el gasto público creció 7.4% en promedio y la economía de 3.5 por ciento.

Esta diferencia derivó en una menor recaudación de impuestos, que no fue suficiente para cubrir el aumento del gasto y los países siguieron adquiriendo más deuda para financiar este déficit fiscal.

La situación anterior se vio agravada después de la crisis financiera que se originó en EU en el 2007, la cual tuvo como consecuencia una importante desaceleración de la economía mundial y revisiones de expectativas a la baja para el crecimiento de la zona euro.

El FMI rebajó sus expectativas para el 2011: de 2.5% en el 2008 a 1.7% en el 2009 y en el 2011 a 1.6 por ciento. Este debilitamiento del crecimiento esperado tuvo un efecto negativo sobre las hojas de balance del sector público, lo que implica que para poder mantener sus niveles de gasto debieron aumentar aún más su deuda pública, pues la desaceleración económica mundial agravó sus problemas de financiamiento.

Por ejemplo, en los últimos tres años Grecia incrementó su endeudamiento a mayor velocidad que antes de la crisis. En el 2009 su deuda creció 14.0%; 12.0%, en el 2010, y otro 12.0%, el año pasado.

Los países que proporcionaron una mayor cantidad de recursos a los PIIGS fueron Francia, Alemania, Reino Unido, Holanda y Estados Unidos. Los primeros dos adquirieron 49.0% de la deuda, el primero es tenedor de 31.0% mientras que el segundo, de 18.0 por ciento.

Es importante destacar que Alemania y Francia, al ser los principales tenedores, tienen niveles de endeudamiento por encima de 80% de su PIB.

En concreto, la deuda pública de Alemania y Francia suma 29.7% del PIB de la Unión Europea, mientras que la de los PIIGS suma 27.4 por ciento. Los principales acreedores de la deuda de estos dos países son Reino Unido (con 17.5%), Estados Unidos (con 12.7%) Italia (10.0%), Holanda (10.0%) y Japón (8.5) alcanzando casi 60.0% del total.

Así, un problema que parecería estar focalizado en una región se podría transformar en un asunto mundial si no se cumplen las obligaciones de deuda.

Los programas conjuntos de la Troika (BCE, CE y el FMI) son un recurso que podría ayudar a la resolución de los problemas estructurales pero, al estar conformado por organismos internacionales, los mecanismos para la instrumentación de sus programas son limitados.

Por ello, la salida debe ser mediante las negociaciones y acuerdos entre todas las partes: las autoridades de los países endeudados, organismos internacionales y, en algunos casos, inversionistas privados.

Afortunadamente, en las últimas reuniones se ha observado una alineación de objetivo.

Las medidas que se están tomando ahora podrían representar los primeros pasos de una homologación y mayor regulación de las reglas fiscales para los países de la zona euro.

La deuda emitida por Grecia, Irlanda, Italia, España y Portugal presenta un gran riesgo para sus tenedores en la medida en que las negociaciones no muestren avance.

Si las negociaciones son exitosas con respecto a las finanzas públicas es probable observar una disminución en las primas de riesgos.

*Janneth Quiroz Z., economista senior de Grupo Financiero Ve Por Más.