La deuda con interés negativo es como un virus que lo arrasa todo. Pasa de un bono a otro, contagiando de soberanos a corporativos y convirtiendo la gran anomalía de los mercados en este siglo en la nueva normalidad.

El miércoles, por primera vez, el interés de deuda corporativa a 10 años denominada en euros, que se mueve inversamente proporcional a su precio, perforó la débil barrera de 0 por ciento.

Nestlé fue la afortunada al escribir su nombre en el Olimpo de los emisores de bonos.

La compañía cuenta con una calificación crediticia de “Aa2”, según Moody’s, y de “AA-”, de acuerdo con S&P y Fitch.

La multinacional suiza de alimentación es una de las compañías más sólidas de Europa, pero acostumbra a financiarse en bonos denominados en dólares, cuyo interés cotiza lejos del nivel de 0 por ciento.

En Estados Unidos, los tipos se sitúan en 2.25%, frente a 0% (con la tasa de depósito en -0.4%) de la zona euro.

Sin precedentes

La entrada en terreno negativo de 750 millones de euros en bonos con vencimiento en el 2029 representa un hito para la compañía, pues aunque no ganará dinero con la emisión —la tasa negativa sólo granjea dinero al emisor si se alcanza en el mercado primario—, cuenta con el beneplácito de los inversionistas para financiarse en euros a tipos nunca vistos si decidiera volver a acudir al mercado. Es un reflejo más del estado del mercado de renta fija europeo.

Nestlé ha mejorado su perfil de riesgo. Si hace dos años se le exigían 22 puntos básicos sobre el estándar del mercado, el midswap, esa prima de riesgo se ha reducido a apenas 5 puntos básicos.

Si un inversionista decidiera comprar el bono de Nestlé y mantenerlo hasta su vencimiento, perdería 0.11% anual, incluso a pesar de cobrar el cupón de 1.25% que la compañía reparte cada año a los tenedores de esta emisión. Los que compraron los títulos en su emisión han obtenido una revalorización superior a 12.5% por el lado del precio.