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México ante 2026: formación y gestión, claves del legado mundialista
El legado del Mundial 2026 no debe medirse sólo en estadios o visitantes, sino en la capacidad de México para formar especialistas, mejorar su gestión deportiva y construir desarrollo de largo plazo.

El Mundial 2026 abre una oportunidad para fortalecer la formación, gestión y profesionalización del deporte en el país.
La celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, con México como uno de los países anfitriones, representa mucho más que un evento deportivo de escala global. Constituye una oportunidad histórica para fortalecer la profesionalización del sector deportivo nacional y orientar su desarrollo hacia una visión de largo plazo. Más allá de la emoción que genera, este contexto invita a reflexionar sobre el tipo de legado que se desea construir. Si el impacto del Mundial se limita al espectáculo, su efecto será pasajero. Si se asume como un punto de partida para transformar estructuras, puede traducirse en beneficios sostenidos.
La profesionalización implica reconocer que el deporte no puede seguir concibiendo únicamente como práctica recreativa o como alto rendimiento aislado. Se trata de un sistema en el que convergen la formación académica, la gestión, la ciencia aplicada, la innovación tecnológica y las políticas públicas. La adecuada articulación de estos elementos determina la calidad del desarrollo deportivo. En este sentido, el Mundial puede funcionar como catalizador para elevar los estándares en la preparación de entrenadores, metodólogos, directivos y demás actores del ecosistema.
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Uno de los desafíos más relevantes consiste en reducir la distancia entre la práctica basada en la experiencia y el conocimiento sustentado en evidencia. Profesionalizar el sector implica tomar decisiones informadas, utilizar modelos de planificación adecuados y comprender con precisión las exigencias de cada disciplina. Esto permite optimizar el rendimiento, mejorar la eficiencia de los procesos y consolidar trayectorias formativas coherentes.
Asimismo, la organización de un evento de esta magnitud exige capacidades avanzadas en gestión, logística, administración y operación. No basta con infraestructura física; se requieren estructuras organizativas sólidas que respondan con eficacia a escenarios complejos. La formación de perfiles especializados resulta determinante para proyectar a México como un país competitivo y preparado, capaz de trascender su papel de anfitrión.
En este contexto, adquieren relevancia los esfuerzos formativos impulsados por el Colegio Profesional de Licenciados en Entrenamiento Deportivo A.C. y la Universidad de Londres. Programas como la Licenciatura en Entrenamiento Deportivo y la Maestría en Metodología del Entrenamiento responden a la necesidad de formar profesionales con una visión integral, capaces de articular teoría y práctica y de intervenir con criterio en distintos ámbitos. Estas iniciativas contribuyen a consolidar un sector más sólido y mejor preparado.
El impacto social del deporte constituye otro eje central. La Copa Mundial ofrece una plataforma para promover estilos de vida saludables, fortalecer el tejido social y generar oportunidades de desarrollo. No obstante, estos efectos requieren de profesionales capacitados para diseñar e implementar programas con enfoque educativo, comunitario y de salud pública.
Por su parte, organismos como la Federación Internacional de Fútbol Asociación establecen estándares internacionales en materia de calidad y desarrollo. México tiene la oportunidad de alinearse a estas directrices y, al mismo tiempo, consolidar un modelo propio.
La Copa Mundial de 2026 debe entenderse como una oportunidad para impulsar una transformación estructural. La profesionalización del deporte es un componente esencial para que su impacto trascienda lo inmediato y se traduzca en un desarrollo sostenido.
* Pedro E. Gómez Castañeda, doctor en pedagogía de la Educación Física y Deporte en la Universidad de Londres.

