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Rusia descarta un alto el fuego sin acuerdo político integral
En entrevista con El Economista el embajador de Rusia en México, Nikolay V. Sofínskiy, fija su postura sobre la guerra y las condiciones para la paz duradera con Ucrania.

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En entrevista con El Economista el embajador de Rusia en México, Nikolay V. Sofínskiy, fija su postura sobre la guerra y las condiciones para la paz duradera con Ucrania. Rechazó que su país esté aislado, condicionó cualquier pacto de paz al reconocimiento de “nuevas realidades territoriales” y valoró cómo equilibrada la posición del gobierno mexicano.
¿A cuatro años de la guerra con Ucrania, qué objetivos ha cumplido Rusia?
En primer lugar, quiero dejarlo claro: los acontecimientos en Ucrania no constituyen un conflicto entre dos Estados —y mucho menos entre dos pueblos que comparten una historia y una cultura comunes, valores espirituales y millones de vínculos familiares y de parentesco—. Se trata de una operación militar especial, que llegó a ser una respuesta forzosa a la política agresiva, desconsiderada y absolutamente aventurera que llevó a cabo Occidente durante muchos años anteriores a la actualidad. El núcleo de esa estrategia occidental consistió en la absorción político-militar de territorios próximos a Rusia, transformándolos en entidades antirrusas, en la fragmentación de los pueblos que allí habitan y en la erradicación de las raíces históricas, culturales y nacionales de la población rusoparlante residente, hasta el extremo de su eliminación física. Ello suponía, al mismo tiempo, una amenaza directa a nuestra soberanía y una profanación de los derechos humanos conforme a todos los cánones civilizatorios, en el espíritu del más explícito nazismo, tal como ocurrió con los ciudadanos de las regiones orientales de Ucrania.
¿Qué hemos logrado hasta ahora? Hemos adoptado las medidas necesarias para detener esos procesos destructivos, proteger a las personas cuyos derechos fueron violados y ayudarles a defender su dignidad y la elección de su futuro realizada conforme al principio de autodeterminación. La protección de las personas es lo fundamental. Además, como ha ocurrido en la historia en múltiples ocasiones, hemos propuesto a Europa la construcción de un nuevo modelo de convivencia en el que primen la seguridad común —y no la seguridad separada— y una cooperación efectiva fundada en el respeto de intereses mutuos, y no en la confrontación. No se han alcanzado todavía todos los objetivos en ese camino, pero avanzamos hacia ellos.
¿Cuál ha sido el principal logro y el principal error de esta guerra?
A finales del siglo XX, tras la conclusión de una aguda confrontación político-militar e ideológica, la comunidad internacional dispuso de una oportunidad histórica para construir un orden de seguridad sólido y equitativo. Para ello no se requería mucho: bastaba con la disposición de escuchar las posiciones de todas las partes interesadas y la voluntad recíproca de tenerlas en cuenta. Nuestro país estaba orientado precisamente hacia ese trabajo constructivo. Confiamos en numerosas promesas formuladas en aquel entonces: no ampliar la OTAN hacia el Este; no desplegar armamento ofensivo en las inmediaciones de nuestras fronteras; y resolver por medios pacíficos y democráticos, sin recurrir a golpes de Estado, las manifestaciones de crisis que comenzaban a aflorar en Ucrania.
Durante ocho años, Rusia participó en negociaciones en el marco del proceso de Minsk, absteniéndose de reconocer la independencia ya proclamada en 2014 por las regiones del Donbás, partiendo de la premisa de que los conflictos interregionales en Ucrania podían resolverse dentro del marco de la preservación de la integridad territorial del Estado. Esa confianza constituyó nuestro mayor error, uno que procuramos no repetir en las actuales circunstancias, marcadas por las contradictorias señales emitidas por Occidente en favor de una vía dialogada para la solución de la crisis ucraniana.
Considero, no obstante, que el principal logro alcanzado en los últimos años ha sido la modificación del propio paradigma del pensamiento geopolítico occidental, anteriormente basado de manera exclusiva en un dominio unilateral sustentado en la fuerza y en la desatención absoluta de los intereses de otros actores de relaciones internacionales. El mundo está experimentando transformaciones aceleradas. Nada volverá a ser como antes ni en la política global, ni en la economía, ni en la competencia tecnológica. Cada vez más Estados aspiran a fortalecer su soberanía, su autosuficiencia y su identidad nacional y cultural. Se configura una nueva realidad política y económica sobre cuya base se delinean los contornos de un orden internacional multipolar y multilateral. Se trata de un proceso objetivo que refleja la diversidad cultural y civilizatoria inherente al ser humano, pese a todos los intentos de uniformizarlo todo artificialmente.
Rusia, mediante su política de los últimos años, ha contribuido de manera significativa al fomento de este proceso. Y en ello radica nuestro principal logro.
¿Cómo evalúa el costo humano del conflicto tanto para Ucrania como para Rusia?
La vida humana es, sin duda, invaluable. Toda pérdida de vidas no puede sino suscitar dolor y compasión. Sin embargo, nuestras pérdidas no carecen de sentido. La memoria de cada uno de nuestros compatriotas caídos permanece indeleble en nuestros corazones. Precisamente por ello, durante años intentamos hallar una solución pacífica y política a la crisis ucraniana, que no inició en 2022, sino en el ya lejano 2014 con el golpe de Estado instigado por Occidente e incluso antes, con la denominada “revolución naranja” de 2004, cuando, nuevamente bajo la influencia occidental, se llevó a cabo en el país una tercera vuelta de las elecciones presidenciales considerada ilegítima por haberse realizado en violación de las normas constitucionales.
Por esa misma razón, desde los primeros días de la operación militar especial, nos hemos pronunciado a favor del diálogo y, en la práctica, hemos sostenido un proceso negociador pese a la política de militarización impulsada por Europa Occidental y a la actitud del régimen de Kiev, que obstaculiza una solución pacífica sustantiva. Es a ellos, ante todo, a quienes les corresponde dirigir la pregunta sobre las pérdidas humanas y, en términos más amplios, de la estrategia de actuación que consideramos inhumana.
¿Qué impacto ha tenido la guerra en la sociedad rusa y en la vida cotidiana de sus ciudadanos?
El impacto, como ocurre en toda coyuntura de momento crítico, es multidimensional. Existen diversos factores de carácter negativo, en particular aquellos derivados de las “sanciones” impuestas por Occidente, así como de la necesidad de replantear numerosos hábitos y patrones arraigados que estructuraban la vida cotidiana. No es secreto que algunos sectores de nuestros ciudadanos manifestaron sentimientos de protesta, algunos incluso optaron por abandonar el país por este motivo. No obstante, tales fenómenos son de carácter marginal. Las tendencias clave son muy distintas y presentan un carácter ampliamente predominante.
En primer lugar, se ha producido una marcada consolidación de la mayor parte de la sociedad. La población ha adquirido un entendimiento más profundo de lo que acontece en torno a Rusia y de los desafíos que enfrenta el país. Se ha afianzado una conciencia real —y no meramente formal— de la necesidad de defender la independencia y la soberanía nacional. Se ha fortalecido el sentido de responsabilidad personal respecto del presente y del futuro. Y, de manera particularmente significativa, se observa una creciente cohesión de la ciudadanía en torno a la dirigencia del país y al curso político que impulsa. Un ejemplo ilustrativo es que, según diversas encuestas independientes, el Presidente ruso figura actualmente entre los líderes mundiales con mayores niveles de apoyo público.
En segundo lugar, y de manera aparentemente paradójica, el impacto de las «sanciones» financieras y económicas externas se ha traducido en una reestructuración integral del sistema productivo nacional. Los vacíos comerciales y de inversión que se formaron fueron rápidamente ocupados por productores nacionales. Se ha dado un impulso sustancial a la configuración de cadenas logísticas alternativas, al desarrollo de la industria nacional y a la ejecución de proyectos infraestructurales. Asimismo, se ha renovado la cooperación con socios en el exterior, adquiriendo una mayor eficacia en términos de resultados prácticos. En términos generales, Rusia ha reconfigurado su modelo económico conforme a los criterios de autosuficiencia soberana.
En cuanto a la vida cotidiana, si ha experimentado cambios, estos se han orientado fundamentalmente hacia una mayor confianza en el porvenir.
¿Está Rusia dispuesta a un alto el fuego inmediato? ¿Bajo qué condiciones?
El formato de un simple alto el fuego resulta inaceptable para nosotros. La experiencia de los esfuerzos diplomáticos previos en el transcurso de la operación militar especial ha demostrado que toda pausa en las acciones militares fue utilizada por la parte ucraniana no para la búsqueda de una solución sostenible, sino para incrementar su potencial armamentístico, reagrupar sus fuerzas e intensificar las medidas de movilización. En la práctica, tales treguas se convirtieron únicamente en el preludio de una nueva escalada del conflicto.
Rusia no persigue treguas temporales, sino el afianzamiento de una paz duradera que elimine las causas profundas de la confrontación y garantice estabilidad y seguridad a largo plazo.
¿Qué concesiones estaría dispuesta a hacer Moscú para alcanzar la paz?
La parte rusa ha declarado en reiteradas ocasiones su disposición de alcanzar un acuerdo de paz y ha participado de manera consecuente y efectiva en los procesos de negociación. No obstante, no se trata de alcanzar la paz a cualquier precio. No se firmarán acuerdos desfavorables que menoscaben los intereses legítimos y objetivos de nuestro país; ésta constituye una posición de principio, reiteradamente confirmada por el Presidente Vladímir Putin.
Somos conscientes de que todo acuerdo implica compromisos y estamos dispuestos a asumirlos, siempre y cuando los arreglos finales conduzcan no a una pausa temporal, sino a una paz estable y duradera, con garantías de seguridad tanto para Ucrania como para Rusia y, en un sentido más amplio, para toda Europa. Ello presupone el reconocimiento de las nuevas realidades territoriales en Ucrania, su desmilitarización y desnazificación, un estatus neutral y no alineado, así como, de manera prioritaria, la plena garantía de los derechos, libertades e intereses de la población rusoparlante.
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¿Está Rusia preparada para sostener este conflicto por más años si no se alcanza un acuerdo político?
Como ya he señalado anteriormente, Rusia desde el inicio parte de la premisa de que el conflicto debe resolverse no mediante soluciones temporales, sino a través de la eliminación de sus causas profundas. Las exigencias correspondientes han sido ya enumeradas. Cualquier otra opción resulta inaceptable por no garantizar a priori el objetivo perseguido, a saber, una paz estable y duradera a la que todos aspiramos.
Esta es la base de nuestra posición, de la cual no tenemos intención de apartarnos. Otorgamos la máxima prioridad a la búsqueda, dentro de estos parámetros, de los compromisos necesarios en el marco de un proceso negociador. Como ha declarado el Presidente Vladímir Putin, con sentido común es posible alcanzar una fórmula mutuamente aceptable. No obstante, si en el diálogo no se logra una solución, contamos con suficientes fuerzas y medios para alcanzar nuestros objetivos por vía militar. Y estamos dispuestos a defender nuestros intereses durante el tiempo que sea necesario.
¿Considera que Rusia ha quedado aislada diplomáticamente o cree que el equilibrio global se ha reconfigurado a su favor?
El tan reiterado «aislamiento» de Rusia, al que aluden con frecuencia nuestros detractores, no se ha materializado en la práctica. Ello quedó claramente demostrado en los actos conmemorativos del 80º aniversario de la Victoria en la Gran Guerra Patria, en particular el Desfile en la Plaza Roja y la participación de numerosos invitados y delegaciones extranjeras.
Rusia no se encuentra aislada, sino que continúa desarrollando activamente una amplia red de vínculos internacionales. Contamos con socios estratégicos en el marco de BRICS, Organización de Cooperación de Shanghái y la Unión Económica Euroasiática. Asimismo, se fortalecen las relaciones con los países de América Latina, Asia y África, así como, en términos más amplios, con los Sur y Este Globales. Se trata de una mayoría mundial, con la cual compartimos valores comunes o convergentes y enfoques afines respecto a la gobernanza de las relaciones internacionales, avanzando conjuntamente hacia un nuevo orden internacional basado en los principios de la multipolaridad y el multilateralismo, el equilibrio de intereses y el respeto del derecho internacional.
¿Cómo valora la postura de México ante la guerra?
Valoramos la posición de México como ponderada y equilibrada. La parte mexicana ha demostrado de manera consistente su aspiración a una política exterior independiente, sin adherirse a las medidas restrectivas unilaterales contra Rusia ni participar en el suministro de armamentos. Asimismo, hemos prestado debida atención a las iniciativas de paz formuladas en su momento por el gobierno mexicano en relación con el arreglo del conflicto en Ucrania.
Este enfoque confirma el compromiso del país con los principios de la no injerencia y el respeto del derecho internacional. Confiamos en que esta línea responsable y pragmática continúe en el futuro.
¿Cómo imagina la relación entre Rusia y Ucrania una vez que termine el conflicto?
La dirigencia de Rusia ha declarado en reiteradas ocasiones que Moscú quiere ver a Ucrania como un Estado amistoso y neutral, sin que ello implique necesariamente una relación de alianza formal con Rusia. «Una vecindad benevolente por largos, eternos años» —así se han descrito los vínculos que la parte rusa aspiraría a establecer entre ambos países.
Tal vecindad, como ya se ha señalado, presupone la desmilitarización y la desnazificación de Ucrania, su estatus no alineado y no nuclear, así como, por supuesto, el respeto efectivo de los derechos humanos fundamentales —en particular, los relativos a la lengua, la educación y la religión—, con la prohibición de toda forma de discriminación contra la población rusoparlante y otros grupos étnicos.
Precisamente estos principios quedaron consagrados en la Declaración sobre la Soberanía Estatal de Ucrania del 16 de julio de 1990. Rusia y, por cierto, también Occidente, reconocieron en su momento la independencia de Ucrania en tales términos.
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¿Qué mensaje enviaría a la comunidad internacional a cuatro años del inicio del conflicto?
Cuatro años después del inicio del conflicto, nuestro mensaje principal a la comunidad internacional permanece inalterable: el mundo debe construirse sobre la base del derecho internacional y de la Organización de las Naciones Unidas y su Carta, y no sobre la lógica de la fuerza ni sobre «reglas» unilaterales formuladas por un grupo minoritorio de Estados.
Nos pronunciamos a favor de un diálogo respetuoso y a pie de igualdad entre todos los países, independientemente de su potencial económico o militar. Solo un sistema fundamentado en la auténtica igualdad soberana, en la consideración de los intereses mutuos y en el principio de la indivisibilidad de la seguridad puede garantizar un orden internacional estable y justo.





