Londres. Boris Johnson puede cumplir esta semana su sueño desde que era estudiante en el elitista colegio de Eton y en la Universidad de Oxford: ser primer ministro de Reino Unido. Si no hay una sorpresa mayúscula, los 160,000 militantes del Partido Conservador elegirán el día de hoy a Johnson como su nuevo líder, en sustitución de Theresa May.

De manera casi automática, se espera que la Reina Isabel II encargue la formación de Gobierno al carismático exalcalde de Londres, quien mañana podría instalarse ya en Downing Street.

La victoria de Boris Johnson en la carrera sucesoria interna de los tories frente a Jeremy Hunt, actual ministro de Exteriores, ha estado basada en su agresiva posición sobre el Brexit (salida británica de la UE). Las bases conservadoras son muy euroescépticas, y Johnson les prometió romper con la UE el próximo 31 de octubre “sea como sea”, incluso aunque no haya acuerdo de divorcio. Hunt, por el contrario, es más flexible y se mostró dispuesto a prorrogar la fecha de separación para facilitar una transición ordenada.

Por tanto, la prioridad de Johnson va a ser preparar el país para un Brexit caótico. Aunque no admite que sea su opción preferida, el probable primer ministro dice que si Bruselas no acepta realizar concesiones sobre el pacto de salida que negoció May — que descarta la Comisión Europea—, habrá una ruptura brusca el 31 de octubre, lo que puede interrumpir de un día para otro los flujos comerciales y de personas entre Reino Unido y la UE.

Choque con el Parlamento

El problema para Johnson es que la composición del Parlamento británico es muy distinta a la de la militancia conservadora. La mayoría de la Cámara de los Comunes se opone a una salida sin acuerdo, al sumar la oposición y algunos diputados tories proeuropeos.

Esto hace muy frágil a la mayoría actual conservadora de sólo tres escaños (incluyendo a sus socios del Partido Unionista Democrático).

Hoy inicia un nuevo ciclo.