El presidente Donald Trump firmó este martes un decreto que revive los proyectos relativos a dos polémicos oleoductos, aunque adelantó que los contratos serán sometidos a una renegociación.

Mediante la firma de dos decretos, Trump reflotó el extenso oleoducto Keystone XL, que transportaría crudo desde Canadá a refinerías en Estados Unidos, y otro que atravesaría territorio indígena en Dakota del Norte.

Mientras firmaba uno de los decretos, Trump dijo que el oleoducto Keystone XL "estaba en disputa" y se renegociarán los contratos.

De acuerdo con Trump, el proyecto representa "muchos empleos. Serán 28,000 puestos de trabajo. Excelentes puestos de trabajo de construcción".

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Al firmar luego el decreto sobre el oleoducto de Dakota, el mandatario también apuntó que será objeto de renegociación.

"Insisto en que si vamos a construir oleoductos, que las tuberías sean construidas en Estados Unidos", dijo. "Vamos a construir nuestro propio oleoducto, nuestros propios caños, como era en los buenos tiempos", añadió.

El proyecto Keystone XL había sido descartado por el anterior presidente, Barack Obama, ante la enorme presión que ejerció la comunidad ligada a la protección ambiental.

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El gobierno de Canadá, en tanto, apoyaba la idea de manera discreta, aunque el propio primer ministro, Justin Trudeau, decidió despegarse de la idea.

En tanto, el oleoducto de Dakota del Norte se había convertido en el centro de una espectacular polémica interna en Estados Unidos.

Grupos indígenas y agrupaciones de apoyo organizaron una encarnizada resistencia al proyecto, con intensa movilización que incluyó celebridades del cine.

Miles de personas llegaron a acampar en el helado territorio abierto de Dakota del Norte, en pleno invierno, para bloquear el proyecto.

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La tribu Sioux temía que la construcción del oleoducto en su territorio promueva contaminación de las aguas y la destrucción de áreas que consideran sagradas.

La policía de Dakota del Norte trató de desalojar a los manifestantes y se registraron violentos enfrentamientos que a su vez generaron una ola de indignación a nivel nacional.

Unos 2,000 veteranos estadounidenses se unieron a los grupos de resistencia en las manifestaciones, hasta que el gobierno de Obama decidió también sepultar la idea.

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