Cuando uno habla con algún partidario del presidente Donald Trump no es difícil escuchar el siguiente argumento: Los medios que pertenecen al mainstream (los que marcan tendencia o de moda) emiten noticias falsas (el anglicismo que se ha utilizado mucho es fake news). Los medios ignoran las buenas decisiones del presidente Trump porque no han asimilado que le haya ganado a Hillary Clinton. De ahí que utilicen demasiada tinta (periódicos) y horas (canales de televisión) describiendo la historia ridícula de Rusia y no sobre el espionaje en la Torre Trump .

El caso contrario ocurre cuando uno habla con un oponente de Trump. En algún momento de la conversación siempre escucharás algo como: Rusia tiene algún vínculo con Trump. Michael Flynn, Jeff Sessions, Paul Manafort son algunos de ellos. O también hay falta de voluntad del presidente de criticar a Vladimir Putin .

Lo que reflejan los dos puntos anteriores es que vivimos en los tiempos de Los expedientes secretos X. Las teorías de conspiración se han arraigado en el nuevo gobierno y es nuestra tarea, la de la prensa, desmontarlas a través de investigación.

Los dos tiradores que mataron a Kennedy

Las teorías de conspiración siempre han existido: por ejemplo, la correspondiente con la existencia de un segundo tirador en el asesinato de Kennedy o la planeación en Estados Unidos del 9/11 (atentados del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York y Washington).

Pablo Musgrave, profesor asistente en la Universidad de Massachusetts, escribió en el Washington Post la semana pasada que: A menos de dos meses del gobierno de Donald Trump el peligro no son las conspiraciones que él mismo inventó, el peligro es que las mentiras, rumores y conspiraciones se instalen en el ciclo de noticias ; es decir, que se normalicen durante los cuatro años de su gobierno.

La semilla de que Obama no nació en Estados Unidos

Recordemos que una de las semillas que sembró Trump para convertirse en presidente fue, hace ocho años, decir que Barack Obama no había nacido en Estados Unidos. Esa mentira la instaló en el inconsciente colectivo del país; también dijo que el padre del senador Tom Cruz había participado en la trama del asesinato del presidente Kennedy. Muchos estadounidenses continúan pensando que Trump tenía razón.

El coqueteo de Trump con las teorías de conspiración no cesan, entre las últimas, la correspondiente con sus tuit sobre el supuesto espionaje de Obama a la Torre Trump. El presidente tomó como fuente no a las agencias de Inteligencia sino al portal Breitbar News, de su hoy asesor Steve Bannon. En el otro extremo de las teorías de conspiración se encuentran los demócratas que dan por hecho los vínculos entre Trump con el presidente Putin. Por ejemplo, las llamadas telefónicas o encuentros entre el exasesor Michael Flynn y actual fiscal, Jeff Sessions, con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak, los consideran suficientes como para asegurar que se tratan de arreglos para eliminar las sanciones económicas a Rusia. Algunos demócratas están actuando como si la Casa Blanca estuviera en llamas, pero no es así. Faltan pruebas.

Lo interesante de las teorías de conspiración es que: ¡a veces concuerdan con la realidad! Por ejemplo, la publicación National Enquirer reveló en la campaña presidencial del 2008 que el senador demócrata John Edwards tuvo un niño fuera de matrimonio.

La crisis política, la desconfianza en las élites, los sesgos partidistas de los medios de comunicación y el colapso en la confianza de los medios de comunicación han generado un entorno tóxico en donde las teorías de conspiración se alimentan. ¿Cuántas teorías veremos en los cuatro años próximos?