Damasco. El régimen del presidente sirio Bashar al Asad lanzó uno de los ataques más violentos contra la ciudad rebelde de Homs, "alentado", según la ONU, por el fracaso de los países occidentales y árabes en poner fin al derramamiento de sangre.

En total 23 personas, incluidos 17 civiles, murieron el martes a manos de las fuerzas regulares o en combates entre desertores y efectivos del ejército, informó la entidad opositora Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

"Seis personas murieron en los bombardeos" en Homs, ciudad que sufrió el peor ataque con artillería de los últimos cinco días, añadió.

La incapacidad del Consejo de Seguridad de la ONU para ponerse de acuerdo sobre una acción colectiva "alentó al gobierno sirio a lanzar un asalto con el fin de aplastar la disidencia", estimó la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay.

La canciller alemana Angela Merkel mencionó la posibilidad de nuevas sanciones europeas contra el gobierno sirio, y afirmó que la Unión Europea sostenía la "posición firme" de la Liga Árabe.

En la tercera ciudad de Siria, donde más de 300 personas han muerto desde el 4 de febrero en un "ataque indiscriminado contra zonas civiles", según la ONU, el tiempo apremia y la crisis humanitaria es cada vez más intolerable.

"La situación es trágica", dijo a la AFP Hadi Abdalá, militante del "Consejo de la Revolución" en Homs, quien añadió que muchas personas están "apiñadas en refugios y los muertos son enterrados desde hace una semana en los jardines, porque es demasiado peligroso ir al cementerio".

Frente a la agravación de la crisis, las condenas se suceden, pero sin que se pueda vislumbrar una verdadera salida.

El lunes, el presidente estadounidense Barack Obama y el primer ministro británico David Cameron "se pusieron de acuerdo sobre la necesidad de coordinarse estrechamente para acrecentar la presión sobre el régimen", mientras que la secretaria de Estado Hillary Clinton juzgó "deplorable que el régimen haya intensificado la violencia".

De su lado, las Naciones Unidas afirmaron que "seguramente" las fuerzas sirias cometieron crímenes contra la humanidad reprimiendo desde hace 11 meses la contestación popular hostil al régimen, con un saldo de más de 6,000 muertos, según los militantes.

La comunidad internacional está profundamente dividida sobre la crisis siria, y aún más con respecto a una fuerza de paz en Siria propuesta el domingo por la Liga Árabe.

París advirtió contra una acción "de carácter militar", Moscú exige un cese del fuego previo generalizado y Washington lo ve complicado.

Rusia, aliada de Damasco, y China bloquean una resolución de condena a la represión en Siria, e incluso han utilizado en dos ocasiones su derecho de veto en el Consejo de Seguridad.

Un emisario chino, Li Hiaxin, se reunió con el secretario general de la Liga Árabe, Nabil al Arabi, según Pekín, para decir que no protege "a ninguna de las partes, incluyendo al gobierno" de Damasco.

Esta semana, árabes y occidentales harán un nuevo intento para condenar a Damasco.

Esta vez en la Asamblea General de la ONU, órgano consultivo donde no existe el veto.

Se espera que Moscú y Pekín se opongan una vez más a este proyecto, preparado por Arabia Saudita y Catar, muy similar al texto bloqueado por el doble veto el 4 de febrero.

Otra etapa en este programa es la "Conferencia de los amigos de Siria", que Túnez propuso organizar el 24 de febrero.