Yorkishlok.- Refugiados de la ola de violencia en Kirguistán rogaron el martes que se les permitiera entrar al vecino Uzbekistán, mientras Naciones Unidas exhortó a las autoridades kirguisas a poner fin a los enfrentamientos.

Al menos 176 personas han muerto en ciudades kirguisas cerca de la frontera uzbeka en los feroces combates que comenzaron el 10 de junio y escalaron en los enfrentamientos más mortales que ha visto el empobrecido Estado del centro de Asia en 20 años.

Decenas de miles de familias uzbekas huyeron a Uzbekistán desde la semana pasada, pero Uzbekistán cerró la frontera el lunes a todos quienes no estuvieran heridos por los combates, en un intento por regular el influjo.

Los eventos han alimentado la preocupación en Rusia y en Estados Unidos, países que operan bases militares en la estratégica pero inestable nación musulmana en la frontera oeste de China.

Un funcionario estadounidense dijo a Reuters en Viena que al parecer la violencia había dejado de extenderse, mientras los disturbios callejeros y tiroteos que habían resonado en las ciudades de Osh y Jalalabad por días parecían haber amainado.

Temerosos de mayores hechos de violencia, cientos de refugiados se aferraban a la reja con alambre de púas que los separaba de Uzbekistán, desesperados por unirse a decenas de miles que ya cruzaron la frontera.

" Nuestros poblados fueron completamente incendiados. ¿Por qué no podemos irnos también?", gritaban a través de la reja, y muchos de ellos lloraban.

Mientras la violencia crecía durante el fin de semana, testigos dijeron que pandillas armadas con rifles automáticos, barras de hierro y machetes incendiaron casas y dispararon a los residentes que huían.

Funcionarios ONU dijeron que el número de uzbekos huyendo de los enfrentamientos podría ser superior a 100.000.

"Parece que matanzas indiscriminadas, incluyendo a niños, y violaciones han ocurrido en la base del origen étnico", dijo Navi Pillay, alta comisionada de Naciones Unidas para Derechos Humanos.

Pillay llamó a las autoridades kirguisas a tomar "acciones rápidas y decisivas" para proteger a las personas, sin importar su origen étnico.

La líder interina, Roza Otunbayeva, quien asumió el poder tras una revuelta en abril que derrocó al presidente Kurmanbek Bakiyev, fue citada por la agencia rusa de noticias Interfax diciendo que la cifra real de muertos podría ser "muchas veces" mayor que los números oficiales.

¿Nueva violencia?

El Gobierno interino ha dicho que podrían ocurrir nuevas olas de violencia en la capital Biskek y en otra región del norte.

"Estamos manteniendo suficientes fuerzas en Biskek y (estamos) trabajando para asegurar que Biskek se mantenga bajo nuestro control", dijo Otunbayeva, quien ha acusado a los simpatizantes del líder depuesto de avivar el conflicto étnico, lo que Bakiyev negó desde su exilio en Bielorrusia.

El hijo de Bakiyev, Maxim, fue arrestado en Gran Bretaña el lunes tras aterrizar en un aeropuerto en el sur de Inglaterra, reportó la prensa kirguisa.

En la frontera, entre los relatos del horror sufrido se encontraba la muerte de niños. La refugiada Mukhayo Matkarimova, de 55 años, dijo atestiguar esas escenas.

" Colgaron a uno de los bebés muertos de los semáforos", contó.

No se conocía el motivo exacto que desató la violencia la semana pasada, pero el despacho de Pillay dijo el martes que los eventos parecían haberse iniciado con cinco ataques coordinados hechos por hombres con armas y pasamontañas.

" Tenemos fuertes indicios de que este evento no fue un enfrentamiento espontáneo entre etnias (...) que a algún nivel fue orquestado, dirigido y bien planeado", dijo su portavoz Rupert Colville durante una sesión informativa en Ginebra.

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