Yemen. El presidente de Yemen, un aliado de Estados Unidos, renunció el jueves bajo presión de rebeldes que lo mantienen cautivo en su residencia, lo que complica seriamente los esfuerzos por combatir a la poderosa rama local de la red terrorista al-Qaeda y hace aumentar los temores de que el país más pobre del mundo árabe se fracture en pequeños estados.

Funcionarios de Presidencia dijeron que Abd Rabbuh Mansour Hadi entregó su renuncia al Parlamento, en lugar de hacer más concesiones a los rebeldes chiítas, conocidos como hutis, quienes controlan la capital y se cree que están respaldados por Irán.

El primer ministro y su gabinete también renunciaron, haciendo una débil referencia a la presión de los hutis, que buscan una mayor cuota de poder a punta de pistola. Los hutis desplegaron a sus combatientes alrededor del Parlamento, el cual abordará la situación el domingo.

La ley yemení dicta que el líder del Parlamento Yahia al-Rai, un aliado cercano del ex gobernante autocrático Alí Abdulá Salé asuma la Presidencia. Salé sigue teniendo poder considerable y se cree ampliamente que está aliado con los hutis.

Había reportes contradictorios que sugerían que las autoridades en Adén, capital de la región sur de Yemen, no responderían a la autoridad del gobierno central. Incluso, antes del reciente ascenso de los hutis, un poderoso gobierno en el sur de Yemen demandaba autonomía para que regresara la total independencia de la que gozó la región antes de 1990. Los sureños rechazan tajantemente un gobierno huti, cuya base de poder está en el norte.

Los hutis son zaydis, una minoría chiita que representa una tercera parte de la población yemení.

También crece la preocupación por un colapso económico. Dos terceras partes de la población necesitan ayuda humanitaria, de acuerdo con cifras de la ONU.

Arabia Saudí, el rival regional de Irán, que durante mucho tiempo ha sido el salvavidas económico de Yemen, cortó casi toda su ayuda financiera después de que los hutis capturaran la capital en septiembre.

La reciente invasión de hutis a zonas sunís también han avivado los temores de que un conflicto sectario pueda alimentar el apoyo a al-Qaeda, un movimiento suní que tiene vínculos con algunas de las tribus del país y está en guerra tanto con fuerzas chiítas como de Hadi.