El libro de Howard Kurtz Media Madness: Donald Trump, the Press, and the War over the Truth, es ágil y animado, pero se basa en una premisa falsa: que el presidente Trump y la prensa nacional están en guerra. Kurtz, un presentador de Fox News, afirma en las primeras páginas: “Donald Trump está arriesgando su Presidencia al destruir la credibilidad de los medios de comunicación; y los medios de comunicación están decididos a hacer lo mismo con él”.

Kurtz explica: “Es una guerra calcinada en la que sólo uno de los dos bandos puede lograr la victoria”. No lo creo, y sospecho que Kurtz, un experimentado periodista que pasó décadas trabajando para el Post, sabe que no es cierto.

Esto no es realmente una guerra, es algo más parecido a una codependencia. Lo que realmente está pasando entre Trump y la prensa es que él, como los políticos anteriores en el puesto, necesitan un enemigo para mantener encendida a su base de seguidores. Sin Hillary en el panorama, los medios de comunicación tendrán que ser suficientes. Pero a Kurtz se le olvida que Trump también se regocija de la atención de la prensa, disfruta de charlar con los periodistas y, de alguna manera, es mucho más accesible que algunos de sus predecesores.

En cuanto a los periodistas, poco se preocupan por los constantes señalamientos de Trump sobre sus “noticias falsas”. Aquí está la parte de la codependencia: los periodistas están aprovechando al máximo la manera en que Trump se refiere a su trabajo; en sus propias palabras, él es una “máquina calificadora”.

“El presidente también filtra información a periodistas, según creen sus asesores. A veces sin querer: Trump habla con tantos amigos y conocidos que informaciones clave se divulgan rápidamente a los reporteros”, se lee en un fragmento del libro.

Kurtz es más suave que Michael Wolff, el autor de Fire and Fury, cuyas descripciones tan negativas de Trump llevaron al presidente a tacharlo de libro falso, y habla bien de asesores como Ivanka Trump y su esposo, Jared Kushner, o la vocera Kellyanne Conway.

En otro segmento, Kurtz habla sobre la llegada del jefe de Gabinete, John Kelly, a la Casa Blanca: ni él y su experiencia han logrado que el presidente se convierta en “presidencial”: que abandone los tuits erráticos, las decisiones sin consultar.

Las filtraciones siguen continuando y la percepción es la de un ala oeste plagada de carencias. Por más que busque culpables, el presidente es, según sus críticos, el problema.