Moscú. Rusia anunció el día de ayer 18 de octubre, la suspensión de su misión ante la OTAN y la de la Alianza Atlántica en Moscú, tras la retirada el 6 de octubre de las acreditaciones a ocho representantes rusos ante la organización, acusados de espionaje.

Esta decisión ilustra aún más las fuertes tensiones que han enfrentado a Rusia con los países occidentales desde hace varios años, entre sanciones, expulsiones cruzadas de diplomáticos, acusaciones de injerencia electoral, espionaje y ciberataques atribuidos a Moscú.

Rusia, por su parte, recrimina a la Alianza Atlántica por su ambición de extenderse hasta sus fronteras, integrando a Ucrania y Georgia, dos ex repúblicas soviéticas a las cuales considera aún parte de su esfera de influencia.

"Tras ciertas medidas tomadas por la OTAN, no se dan las condiciones básicas para un trabajo en común", indicó ayer el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, precisado que las medidas entrarán en vigor el 1 de noviembre.

Concretamente, Rusia suspenderá indefinidamente su misión en Bruselas en el seno de la alianza militar occidental, así como la misión de la OTAN en la embajada de Bélgica en Moscú. Ésta tiene como rol garantizar la relación entre la alianza en Bruselas y el ministerio de Defensa ruso.

Estas medidas tienen lugar tras una nueva serie de acusaciones de espionaje.

A principios de octubre, la OTAN anunció que retiraba la acreditación a ocho miembros de la misión rusa en Bruselas acusados de ser "agentes de inteligencia rusos no declarados".

El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, declaró ayer que el anuncio de Rusia de cerrar su misión ante la OTAN había dificultado aún más una situación preocupante.

"Hace las cosas más difíciles y ya lo eran. Alemania ha buscado, dentro de la OTAN, que haya un diálogo con Rusia", dijo Maas.