Madrid. Los residentes de Vallecas, uno de los vecindarios más desfavorecidos de Madrid pero también de los más golpeados por el Covid-19 en Europa, esperan intranquilos el anuncio que el día de hoy harán las autoridades sobre nuevas medidas contra la pandemia.

Con los ojos cansados tras culminar su guardia nocturna en Puente de Vallecas, en el sur de la capital española, la médico de familia Cristina Sanz advierte que las medidas puedan implicar en la práctica “obligar a la gente a eligir entre poder comer, poder trabajar, o cuidarse a sí mismo y a los demás”.

A sus espaldas, un gran número de pacientes en fila esperan desde muy temprano en la mañana para entrar al centro de salud Vicente Soldevilla, apiñados en una acera estrecha que, al igual que muchos apartamentos de la zona, no favorecen la distancia social.

Este distrito, uno de los de menores ingresos en Madrid, registró oficialmente una media de 1,241 casos por 100,000 habitantes en los últimos 14 días, casi el doble que la región de Madrid (epicentro de la epidemia de Covid-19 en España) y casi cinco veces más que la media nacional, y una de las más elevadas de los países de Europa.

Ante este estallido de casos, el ejecutivo de la región de Madrid, competente en materia de salud, planteó el día de ayer 17 de septiembre, la posibilidad de confinamientos selectivos de las zonas más golpeadas, disparando el nerviosismo entre los residentes de las zonas afectadas. Ayer 17 de septiembre, no obstante, las autoridades se limitaron a hablar de “restricción de movilidad”.

Se espera que las medidas entren en vigor entre sábado y lunes.

Un sistema sanitario “colapsado” desde hace años

“El sistema de atención primaria lleva colapsado desde hace muchos años, y ahora con la pandemia, se ha hecho inviable”, explica Cristina Sanz. Según ella, cada médico puede tratar a 100 pacientes por día en el Vicente Soldevilla.

En la zona de San Diego, en el corazón de Vallecas, María José García señala los apartamentos sin balcón, con paredes envejecidas cubiertas de cables eléctricos y ropa tendida entre las ventanas.

“La densidad de población (del barrio), sin tener torres altas y con calles estrechas, es de las más altas de Madrid, una de las más altas de Europa”, explica esta enfermera jubilada de 65 años, que sigue viviendo en la zona luego de trabajar allí 30 años.

Las personas “viven en pisos pequeños, con problemas para pagar los alquileres o para llegar a fin de mes”, unas “condiciones de vida que hacen que la gente tenga que salir a la calle (a trabajar) y el virus se expanda, agregó.