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Lo que está pasando en Venezuela no es un golpe de Estado
Nicolás Maduro ha violado los derechos humanos de manera masiva.

Una profunda incertidumbre rodea a los últimos acontecimientos en Venezuela. El pasado martes al amanecer, el presidente interino Juan Guaidó apareció junto a militares en una base aérea de Caracas y declaró a los medios que comenzaba un levantamiento en los cuarteles en contra del régimen de Nicolás Maduro.
Lo que no es ni debería de ser ambiguo es la esencia moral de este entorno político volátil. El régimen de Maduro ha violado los derechos humanos a una escala masiva, dejando muertos a cientos de opositores, y ha llevado a Venezuela a una catástrofe económica.
Millones de venezolanos han huido a otros países, incluyendo a varios cientos de miles en Estados Unidos.
Habiendo sido elegido por primera vez en el 2013, Maduro perdió legitimidad democrática en enero del 2016, cuando pretendió privar de sus poderes a la Asamblea Nacional debido a que la oposición obtuvo la mayoría un mes antes.
Posteriormente manipuló el sistema político para crear una legislatura títere paralela y, el 20 de mayo del 2018, diseñó su reelección a través de un proceso irregular en donde las principales figuras de la oposición y observadores internacionales fueron excluidos de la contienda.
Su toma de posesión se convirtió en un desafío en contra de los cuestionamientos de los países vecinos, mismos que detonaron el impulso de Juan Guaidó como presidente interino proclamado por la legítima Asamblea Nacional, tomando como base un vacío de poder.
A Guaidó lo reconocen como presidente más de 50 países.
Por lo anterior, lo sucedido el pasado martes no es un “intento de golpe de Estado”, como lo llama el régimen de Maduro. Se trata, más bien, de una serie de esfuerzos legítimos y, en la mayor parte, no violentos, por parte de los venezolanos civiles y militares, de deshacerse de un régimen opresivo y tóxico para que puedan elegir libremente a un gobierno legítimo.
Los partidarios de la libertad y la democracia deben de solidarizarse con Guaidó y con los miles de venezolanos que intentan hacer valer sus derechos.
El gobierno de Trump ha respaldado a Guaidó de manera apropiada a través de duras sanciones en contra de Maduro para que ceda el poder y de una campaña de persuasión a los militares venezolanos para que lo dejen de apoyar.
El gobierno de Trump puede ayudar a aumentar las posibilidades de que se cumplan las palabras de Leopoldo López realizadas el martes por la mañana durante su reaparición: “Es hora de conquistar la libertad”.