Teherán. Una prueba anual de voluntades entre la policía moral de Irán y las mujeres que se visten de maneras que se consideran inaceptables se ha iniciado en varias ciudades de la república islámica.

Pero este año, las apuestas son inusualmente altas. Mientras los líderes iraníes tratan de desviar la atención del público de los problemas económicos impulsados por las aplastantes sanciones internacionales, corren el riesgo de alienar a grandes sectores de una sociedad que ya está profundamente divida.

La vestimenta obligatoria para las mujeres, conocida como hiyab, ha sido un elemento típico de Irán desde la Revolución Islámica en 1979. A pesar de que las leyes relativas a la vestimenta apropiada no han cambiado, algunas mujeres se han vuelto más audaces en la interpretación de los límites de lo que pueden usar como vestimenta.

La ofensiva del gobierno este año ha estado marcada por el emplazamiento de equipos de la policía moral en las principales plazas de Teherán.

En las últimas semanas, 53 cafeterías y 87 restaurantes se han clausurado en Teherán por atender a clientes con el hiyab inadecuado; conciertos han sido cancelados debido a la vestimenta inadecuada y demasiado contacto entre los aficionados masculinos y femeninos, y alrededor de 80 puestos en una feria internacional de alimentos fueron cerrados, ya que, según las autoridades, las mujeres que trabajaban en ellos rompían las reglas del hiyab o usaban demasiado maquillaje.