La diplomacia mexicana es muy bondadosa, tanto, que replica el juego favorito de Chabelo: la catafixia. Obsequia viajes al paraíso a cambio de nada. Pero en la catafixia diplomática se añade un rasgo entre los concursantes: son una vergüenza social.

1. Fidel Herrera declara haber ganado en dos ocasiones la lotería. Miente. La fortuna lo ha premiado en tres ocasiones. La tercera fue el consulado de Barcelona en el sexenio pasado. El presidente Peña Nieto se lo imaginó trabajando en un pequeño castillo en la avenida La Bonanova, comiendo pan tumacat y bebiendo en un bar de la Barceloneta. Lejos del infierno que convirtió Herrera a Veracruz cuando era gobernador, donde el cartel de los Zetas lo buscaba para arreglar viejos negocios, a don Fidel le tocó una época políticamente muy atractiva: el proceso independentista catalán. Es probable que don Fidel haya tenido el suficiente tiempo para charlar con Carles Puigdemont y Oriol Junqueras frente a un plato de patatas bravas en el bar Tomás, en Sarria, uno de los mejores lugares para comer patatas con alioli.

2. Andrés Roemer se ha fabricado una imagen de hípster de la Ilustración, pero ubicado en Silicon Valley. La imaginación al poder. Don Andrés llegó al consulado de San Francisco durante el sexenio de Peña Nieto con la intención de obtener sinergias creativas con su negocio “La ciudad de las ideas”. No se viaja a San Francisco para expedir tarjetas de elector ni mucho menos para asistir a inmigrantes sin papeles. Tampoco es necesario enfrentarse a dilemas con la Unesco sobre el conflicto entre Israel y Palestina. Hizo bien don Andrés en abandonar Silicon Valley, o mejor dicho, en dejar el consulado de San Francisco.

3. “A donde fueres, haz lo que vieres”. José Rafael Castelazo no lo pensó de esa manera. Con tan solo dos semanas al frente de la embajada de Costa Rica, Castelazo dedicó unas palabras a los ticos desde la revista Siempre. Dijo que en aquella nación hay una “oligarquía”, que la vida política a veces raya en la “ingobernabilidad”. Don Rafael se desempeñaba como delegado en Iztacalco antes de recibir el premio durante el sexenio de Ernesto Zedillo. A José Ángel Gurría le tocó ofrecer disculpas al presidente Figueres, y claro, lo regresó.

4. Los demonios andan sueltos. Humberto Hernández Haddad llegó al consulado de México en San Antonio durante el gobierno de Salinas de Gortari. La administración de Zedillo le dio las gracias y el secretario de Relaciones Exteriores, José Ángel Gurría, le pidió que regresara a México. A don Humberto le gustó tanto su chamba en San Antonio que se negó a abandonar su oficina. Demandó al gobierno y en el 2008 la Suprema Corte le negó un amparo.

El 25 de marzo del 2007 la SRE reveló que Hernández Haddad había sido destituído por “reiterado desacato a la autoridad”. Sin embargo, don Humberto reveló que su despido ocurrió al dar cuenta a las autoridades de la PGR de la ubicación de Manuel Muñoz Rocha en San Antonio, vinculado con el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu.

5. Guillermo Rivera Santos fue elegido por el presidente López Obrador para ocupar el consulado de Tucson. Su estancia duró menos de cinco meses. La periodista Dolia Estévez publicó documentos sobre una denuncia de acoso sexual, y antes, sobre el uso del consulado para organizar actos propagandísticos de Morena. Rivera Santos fue recomendado por Alfonso Durazo para que le abriera cancha a su candidatura en Sonora, tomando en cuenta que en Tucson viven miles de sonorenses.

5. Fernando Castro Trenti, amigo de Manlio Fabio Beltrones quiso ser gobernador de Baja California. Participó en las elecciones en el 2013, perdió pero... la catafixia lo premió con la embajada en Argentina. Otra vez Peña Nieto repartiendo cartas.

6. Isabel Arvide asiste con frecuencia a las conferencias de prensa del presidente AMLO. Su nobleza hacia el presidente le hace acreedora a la catafixia. Gana y, en pocos días, será la cónsul en Estambul. No tiene experiencia.

7. Dicen que Felipe Enríquez intentó regalarle un vochito al presidente José Mujica. Nuestro embajador en Montevideo buscó la alcaldía de Monterrey “arrastrando un pesado lastre de propiedades y fortuna que no puede explicar”, publicó Reporte Indigo hace ocho años. Compadre del presidente Peña Nieto, entró a la catafixia y apareció en la embajada de México en Uruguay. No se sabe si al final le regaló el vochito a Mujica, pero sí se sabe que don Felipe tiene un avión privado.