Los días que han pasado desde que el periodista Jamal Khashoggi desapareció en el consulado de Arabia Saudita en Estambul han sido muy incómodos para el reino de Arabia Saudita y su gobernante de facto, Mohammed bin Salman.

Columnistas de opinión y analistas experimentados de política exterior en los Estados Unidos han sido mordaces en su evaluación sobre el gobierno saudí.

Los principales medios de comunicación publican historias sobre el príncipe Bin Salman, enfatizando su “lado oscuro de un joven que tiene el poder absoluto” y que “no tolera la disidencia”.

Por su parte, un grupo de empresas han cancelado su participación en el magno evento Iniciativa de Inversión Futura, mejor conocido como el Davos en el desierto.

En pocas palabras, el reino ha manejado el caso de una manera desafortunada. Ha sido tan malo el manejo, que el domingo llegó a decir que no está dispuesto a recibir “amenazas” de ninguna índole y expuso que Arabia Saudita permanecerá “glorioso y firme como siempre” a pesar de que, ese día, el mercado accionario saudí sufrió un desplome.

Un apuñalamiento a la economía de EU

El canal al-Arabiya fue más lejos. Si director, Turki Aldakhil, hizo una nota en la que da a entender que el gobierno saudí está preparando “más de 30 posibles medidas contra quienes le impongan sanciones”, incluida la perspectiva de llevar el precio de petróleo hasta los 400 dólares por barril.

Aldakhil concluyó: “La verdad es que, si a Washington se le ocurre imponer sanciones a Riad, lo que estaría aplicando sería un apuñalamiento de muerte en contra de su economía”.

Sin embargo, la Embajada de Arabia Saudita en Estados Unidos ha tratado de matizar lo publicado por Aldakhil al señalar que “de ninguna manera refleja el pensamiento de los líderes saudíes”.

La confianza en Arabia Saudita se desvanece

¿Por qué razón la muerte de Khashoggi­ ha alterado la relación entre Arabia Saudita y Estados Unidos mucho más que los errores políticos anteriores?

La misma dinámica que afectó al poder blando de Estados Unidos a raíz de las revelaciones de quien fuera contratista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), Edward Snowden, está afectando la capacidad de los saudíes para influir en la élite de la opinión pública de Estados Unidos.

Inmediatamente después de las revelaciones de Snowden, Henry Farrell y Martha Finnemore argumentaron en Foreign Affairs que el impacto producido por ellas era doble. Primero, las revelaciones de Snowden “frustran la capacidad de Washington de actuar de manera hipócrita para salirse con la suya. En realidad, el grave peligro no radica en la nueva información de las revelaciones, sino que a través de ellas se confirma de manera documentada lo que Estados Unidos realmente está haciendo y por qué lo está haciendo”.

En segundo lugar, el daño colocó a los aliados de Estados Unidos en una situación incómoda. Dos ejemplos son Brasil y Alemania. Tras lo revelado por Snowden, los dos aliados estadounidenses de larga data, como lo fueron Brasil y Alemania, redujeron su cooperación porque era imposible negar la evidencia del espionaje estadounidense.

La comunidad de la política exterior en Estados Unidos podría ser muy comprensible e inclusive perdonar a los saudíes, porque las alternativas para construir alianzas en la región del golfo Pérsico parecían ser peores.

Sí, la guerra en Yemen ha sido un desastre humanitario y se trata de una guerra civil en la puerta de Arabia Saudita, por lo que su intervención no fue del todo sorprendente. Esto significaba que las élites estadounidenses estaban dispuestas a mirar hacia otro lado.

Es imposible apartar la vista sobre el caso de la desaparición y muerte de Khashoggi: era residente permanente de los Estados Unidos y columnista del Washington Post, por lo que tenía un perfil más alto que otros disidentes saudíes. Entró en al consulado de Arabia Saudita en Estambul y nunca regresó con su novia que lo esperaba afuera. Éste es un hecho brutal que no puede ser negado. Incluso, si todos los detalles sangrientos sobre la muerte de Khashoggi no son ciertos, hay suficientes que son irrefutables.

El escenario en el que la administración Trump tomará medidas coercitivas en contra del príncipe Mohammed bin Salman se podría configurar otro día; sin embargo, lo que no se puede cuestionar hoy es que los saudíes son culpables.

Otra de las aportaciones del caso Khashoggi va dirigida a observadores externos. Trata sobre los auténticos rasgos del supuesto reformista Bin Salman. Ahora se acerca más a Kim Jong-un que a Pedro, el Grande.

¿Estados Unidos sancionará al reino?

Los saudíes tienen muchas fichas invertidas dentro de Estados Unidos, aunque decir que la administración Trump será renuente a presionar al príncipe sería un acto de subestimación.

El apalancamiento saudí sobre otros actores estadounidenses podría aumentar. Akbar Shahid Ahmed señaló en el HuffPost : “Al destinar miles de millones de dólares de dinero saudí a Estados Unidos durante décadas, la familia gobernante de Riad ha ganado el apoyo de pequeños, pero poderosos círculos de estadounidenses influyentes y también ha cortejado a la opinión pública a través de vínculos corporativos y filántropos”.

Dudo que la estrategia saudí funcione en esta ocasión, debido a que aceptar dinero saudí está comenzando a tener un olor tóxico .

No hay evidencia de que el gobierno de Arabia Saudita intente eliminar este tipo de actos dentro de su modo de actuar contra los disidentes ni tampoco que pida una disculpa (como sí lo hizo Estados Unidos con sus aliados frente al caso Snowden).

Jamal Khashoggi entró al consulado de Arabia Saudita en Estambul y nunca salió. No hay artificio, ni una ilusión agradable, que puedan enmascarar ese hecho.

Ya no existen salidas hipócritas. Los aliados de Estados Unidos tomarán distancia de Arabia Saudita.

Los saudíes han estado participando en una guerra desenfrenada en Yemen y también han impuesto sanciones desconcertantes en contra Qatar y Canadá.

Las actitudes del Congreso estadounidense hacia Arabia Saudita se han agriado de manera lenta desde el año pasado, pero la desaparición de Khashoggi ha acelerado las cosas .

¡Vaya caso!